Páginas

viernes, 20 de noviembre de 2009

Carta a mi hijo.



Debo hurgar en mi corazón para sacar la mejores palabras para ti hijo querido.
¿Y cómo no si hoy hace 24 años llegaste a mi vida?.

¿Cómo hacer para expresar el inmenso amor que te tengo?. Solo sé que las palabras se agolpan en mi boca y no pueden salir, están atoradas en un cúmulo de emociones que me embargan.
¿Cómo decirte que eres la luz de mis ojos, sin lastimar a tu hermana?. Tú eres la luz de mis ojos, ella es mi corazón.
Sin el corazón no vivo y sin la luz no veo todo lo maravillosa que es la vida con ustedes.

Quiero que sepas que el dolor de tu nacimiento fué muy fuerte, pero si habría que pasarlo otra vez para que seas feliz, lo acepto mil veces.
Estoy orgullosa de ti hijo.
Las cosas que hemos pasado tú y yo son tantas, que recordarlas nos llevarían toda una vida...  la tuya.
Una vida que empezó a vibrar en lo más hondo de mi alma. Sabía que serías especial para mi y al paso del tiempo lo constato.

El nacer en un hospital por demás horrible, donde me tuvieron arrumbada en una sala junto con las camillas desvencijadas.
Abrir los ojos y ver el reloj para saber la hora que naciste... 10.03 de la noche del 20 de noviembre y volver a cerrarlos.
Despertar con un dolor desgarrante en mis entrañas, ¿que importaba ya?, si ya estabas en mis brazos.Mis brazos... los brazos de tu madre.
Brazos que han arropado tus angustias y zozobras, tus alegrías con tus primeras novias.

Las alegrías cuando sacabas 7 de calificación, porque sacar un 10 decías, cualquiera lo hace, pero un 7 solo tú ó pasar apenas rozando el 6. Sacar 10 es vanidad le decías a Kiku.

¿Recuerdas ¨El ratón vaquero¨?, tu primer bailable escolar, lo grande que te quedaba el sombrero, ¿te acuerdas querido ratón?.

Cómo olvidar  cuando llegué a la secundaria desde las 7 de la mañana esperando que me dieran tu boleta de calificaciones, y saber después de tanto tiempo que las entregarían hasta las 11, y no me quisiste decir pues temías que me enojara, cuando ya no había razón... ya estaba enojada de tanto tiempo de espera.

Los extraordinarios que pagábamos a escondidas de tu padre, que te regañaría por no estudiar tanto como tu hermana.
Cuando no pasaste el exámen de selección para entrar a la UVM y el regaño de Barry porque no habías estudiado tanto para quedarte en la universidad.
Nunca quise que te quedaras sin escuela y fué entonces que te dije que fueras a la universidad de la que te graduaste.
¿Te acuerdas cuando fuímos a inscribirte?. Te sentías ya grande y sin embargo aceptaste que fuera contigo, no importaba lo que pensaran los demás.

Oye hijo, ¿te acuerdas cuando nos escapábamos para comernos una hamburguesa que comprábamos con el dinero que nos sobraba de la inscripción?.
¿Cuantas veces lo hicimos...tres, cuatro?, no sé, pero eran muy divertidas. Era nuestro secreto, jajaja, vaya secretos tan valiosos que guardamos.

Querido hijo, desde los seis años has usado lentes y eso me agobia, porque yo te lo heredé. Ójala pudiéramos heredar solo cosas buenas y nunca las malas. Debería existir una ley celestial que diga que las cosas malas no deben heredarse.

Muchas veces la pasaste mal conmigo y sin embargo me has demostrado el amor inmenso que tienes por mi, no tanto como el que yo te tengo. Lo sentí en el abrazo que me diste por la mañana.

Vienen nuevos sueños hijo de mi corazón, nuevas ilusiones.
Quiero estar en los momentos gloriosos que te esperan hijo... muchos.

Hicimos un pacto el domingo, ¿recuerdas? . Me está costando mucho trabajo cumplirlo, después de todo dejar el vicio de un día para otro no es fácil, pero lo estoy haciendo por ti.
Porque quiero que vivas muchos años y porque quiero que te cases con Nueris, porque quiero nietos, porque quiero que tengas un buen trabajo, porque quiero que seas feliz.
Sueños que todas las madres tienen para sus hijos.
Pero... yo no soy todas las madres, los sueños que tengo, son los que deseo para ti Muny.
Quiero seguir sintiendo tu mano gordita en mi cabeza cuando te despides de mi, todas las mañanas.
Quiero verte grande como una torre y yo  protegida a tu lado hijo.
¨Pórtate bien Chikis¨, me dices todos los días.
Quiero sentir tu abrazo de despedida y el pedirme un beso cuando llegas.
Quiero sentir tu corazón alegre cerca del mío.
Quiero verte feliz hijo.
Quiero que seas un triunfador, más de lo que ya eres.
Quiero que los apellidos ilustres que te heredamos, no sean una carga para ti. Sé que contigo seguirán estando libres de toda mancha.
No quiero que sean un lastre, quiero que sean un orgullo y sobre todo quiero que nunca olvides de donde vienes.
Quien es tu familia, tus orígenes.
Si lo tienes presente siempre hijo, entonces te darás cuenta que el ser triunfador, te viene de sangre.
Sangre de dos apellidos formados a base de mucho trabajo, pero sobre todo nunca olvides que ser Corona no es solo un apellido... es un orgullo.





Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales