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lunes, 20 de enero de 2014

Todo es cosa de ser diferente para terminar siendo igual

*Cuando en la mañana me haya ido
no tendrás mio ni un recuerdo
sólo un hueco en la almohada
donde meter tu olvido...

Dicen que hay personas que nacen con estrella. 
Dicen también que hay personas que nacen estrelladas. 
Yo prefiero pensar que mi estrella es diferente. Una estrella con las puntas redondeadas y de una luz ajena a todo, titilando sonrisas así muy quitada de la pena y con un toque de rocío en los ojos.

Hay personas a las que la vida se empeña en tirarles un golpe apenas se levantan para ver su capacidad de reacción.
También hay ocasiones en que esas personas quieren tirar la toalla y quedarse mordiendo el polvo.

En la mañana rumbo al hospital escuché en la radio que Lance Armstrong en algún momento de su vida daba gracias por tener cáncer porque eso le permitía valorar la vida, la familia y a sus amigos.

Hoy cuando el joven oncólogo dijo que la bola encontrada hace poco en mi pecho había crecido, hice un mohín de tristeza porque siento que la vida se ensaña conmigo pero igual me vale madre, a estas alturas de la vida he llegado a un punto donde ya no hay retorno ni valen arrepentimientos ni lloros vanos ni agradecimientos inverosímiles.

Bailé al ritmo que yo marqué, un vals de pasos cortos y dedos exquisitos, casi sin tocar.

Dicen que a mi todo me pasa. 
Yo digo que no porque sigo viva.

No creo algún día agradecer estar enferma, no me considero un alma buena que haga algo semejante.
Continuaré con mi vida normal enseñándole a la vida que soy más perra que ella.

El domingo al estar en contacto con la tierra que me vio nacer, me dije ahí mismo que bien vale la pena haber vivido lo que viví si al final vuelvo al lugar del que salí, un monte lleno de árboles, hongos y tierra fértil que guarda mis risas de niña y que junto con el frío que enrojeció mis mejillas está aguardando el día en que regrese para no salir más de ese lugar lleno de misterio.

El lugar al que pertenezco, donde corren riachuelos de agua clara, se oye el trotar de los caballos sobre la yerba húmeda y a lo lejos muy a lo lejos el canto de los pájaros llamando a la vida.

Lugar que en esencia pertenezco y al que toda mi vida rehusé volver con o sin cáncer.
No soy cobarde, sólo tengo un poquito de miedo.













*Lo olvidaba, la canción es Lejos de la tristeza de ¿Quién más? Enrique Bunbury.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales