Páginas

miércoles, 17 de agosto de 2011

El estanque






Desde que empezaron las lluvias una parvada de pajarillos se han instalado en el techo de mi casa, no sé de que familia sean pero sus pi pi pi son tan armoniosos que parece que despierto en el cielo. Me levanto, me asomo con cuidadito para no asustarlos. Están metidos en un pequeño charco que se ha formado en el techo de la zotehuela. Veo como uno mete las rosadas patitas en el agua como tentándola, después mete todo el cuerpo y empieza a revolotear para mojarse por completo. Se espulga cada tramo del plumaje sacando todo bichito que pudiera estar escondido entre sus plumas. Se vuelve a sacudir y sale del estanque para pararse en los barrotes de la protección a que el sol seque sus plumas.

Cuando todos se han bañado, empieza el piar como si se platicaran las últimas nuevas. Es maravilloso como pueden vivir la vida tan simple sin tantas complicaciones. Veo su forma tan llana de vivir la vida y me pregunto porqué no aprendo de ellos.

Terminando de bañarse, con pequeños brincos pasan de un barrote a otro sacudiendo las alas. Pían sin cesar, alegres de estar vivos.

Un ruido cualquiera hace que se asusten y vuelen por todos lados sin dirección, se acabó el espectáculo. Cierro la cortina, me voy al espejo. Veo que tengo una sonrisa en el rostro, la primera de la mañana, me doy cuenta que algo tan sencillo como ver los pajarillos bañarse, me ha hecho muy feliz.

Suspiro y lleno mi corazón de vida, empiezo el nuevo día, pero... Algo me está pasando, esa mujer que está frente al espejo no soy yo. Yo soy hosca, taciturna, enojona. No... esa no soy yo.










+Imagen tomada de google.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales