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lunes, 29 de agosto de 2011

Addio Alejandro







Con el celular fuertemente apretado en su mano, Alejandro yacía en la banqueta a la puerta del edificio de departamentos donde vivía. Las llaves tiradas a un lado no pudieron abrir la puerta de su casa donde llegaría a descansar.
La última llamada registrada fue a Laura - su amiga- quien tuvo la difícil tarea de identificarlo. En una cama de hospital, con la cara tapada con una sábana blanca. Alejandro dejaba esta dimensión para adentrarse a otro mundo.

Armándose de valor Laura llamó a los padres del muchacho para darles la noticia. Inconsolables llegaron al hospital sin entender que era lo que había sucedido. Unas horas antes Alejandro había pasado la tarde con Laura riendo bajo la lluvia, disfrutando la mutua compañía. Haciendo planes para una vida que a unas horas lo abandonaría. La imagen sonriente de Laura quedaría grabada en sus pupilas para siempre. 

Bajo la sábana blanca el cuerpo frío de Alejandro esperaba que fueran por él. 

Cuando llegaron los padres, Laura les tuvo que decir que su hijo estaba muerto. Ella nunca podrá olvidar el grito desgarrador de la madre al enterarse de la fatal noticia. Ayudada por su esposo e hijo, la madre apenas pudo soportar el terrible dolor que da perder a alguien que era más que su hijo. La vida misma se le iba convertida en lágrimas. Nadie que no haya pasado por las mismas circunstancias sabe lo que ella sufrió, lo que sufre.

Sentados los padres y hermano junto a Laura, esperaban silenciosos las cenizas de Alejandro. Los padres no quisieron velarlo ni avisar a nadie más, solos soportaban la pérdida del hijo que los hizo reír con sus travesuras. Recordaban las tardes cuando Alejandro ensayaba con su grupo de rock-metal. Cuando jugaba con su hermano, cuando lo llevaban a la escuela. Como cuando quiso independizarse y aceptaron que él se fuera.

Un infarto fulminante acabó con la vida de Alejandro a sus treinta años.

La urna con las cenizas de su hijo le fueron entregadas a la madre quien lo acurrucó entre sus pecho. Recordó cuando nació y lo veía cerrar sus ojitos bajo el arrullo de su tierna voz. Una sombra negra pasó bajo sus ojos y la bendita inconsciencia la llevó por unos minutos a acompañar a su hijo a las puertas de la nada.
Lo mismo que desde el instante que murió Alejandro sabía lo que la vida significaría para ella... nada.

Descansa en paz Alejandro do quiera que estés. No tengas miedo a la oscuridad todo está bien. La llama que te acompañará para alumbrar tu camino está prendida.

Addio Alejandro, addio.







Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales