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lunes, 21 de febrero de 2011

Extremos.





¿Quién soy pregunté con una sonrisa ocultando las lágrimas que se agolpaban en mis ojos queriendo estallar.
-Eres Rosa- me dijo la abuela, mirándome con sus extraños ojos que se han vuelto grises y velados. 
No abuela fíjate bien, ¿me recuerdas?
-Eres Rosa- volvió a decir y miró al techo del hospital como diciendo ya no estés chingando.

La abuela se está muriendo.

Ayer tuve oportunidad de hablar con ella de todo lo que ha pasado entre las dos. Del porqué Barry me quiere y del porqué la vida no nos juntó como ahora.
Ayer tuve el valor de pasar a verla siendo que yo no visito enfermos ni voy a los funerales. Es cosa que no puedo superar. Algo más fuerte que yo me lo impide, quizás sea mi propia debilidad.

Le pregunté a la abuela si me quería y me dijo que si. Le dije que si recordaba que comida no me gustaba, -migas- dijo mirando al techo y sonriendo.
-¿Porqué?- le pregunté
-Porque tiene ajo y cebolla- me contestó con una sonrisa y mirando hacía el techo de nuevo.

Se acordó de mi aunque no supo mi nombre.

Le dí de comer. Le di agua. Le di dos besos. La ayudé a acomodarse en su cama. La pude tocar y ella se dejó. Si estuviera sana ninguna de las dos nos habríamos acercado. Mala señal cuando los remordimientos se agolpan en las sienes y salen sin control cuando ya no hay remedio.

Estuve tan cerca de la abuela como en la vida lo había estado. Acaricié su suave mejilla. Le miré sus ojos impresionantemente grises. Le acomodé el pelo, le sobé la mano y la hice reír.

Hablaba de que fuera buena con Barry que era fácil quererlo. Que no lo hiciera sufrir. Me dijo que me acostara juntito a él y no hiciera nada, sólo estar con él.

La abuela me regaló unas cucharas que en su mente veía en la vitrina de su casa. Llévatelas-me dijo-a mi ya no me van a servir.
Me preguntó si había dejado centavos en la vitrina y le dije que si aunque no supiera de qué me hablaba. 

Se ha acordado de mi hijo pero no de su nombre. Se ha acordado de Laugra como le dice a mi hija.
La abuela siempre nos daba la bendición cuando nos íbamos a nuestra casa. Ayer la vi tan débil que en mi confusión y sabiendo que no soy nadie para hacerlo, la persigné. La besé y le dije que ya me iba.

Tres veces me regresé porque me daba pena dejarla sola en ese lugar tan feo. Rodeada de gente desconocida y queriendo cuidarse de un hombre que quería quitarle su dinero en sus desvaríos.

-Llévame de aquí- me dijo y le mentí. Le dije que iba por Barry para podérnosla llevar. Quería irse a su casa de la que salió hace tiempo. Me decía que quien era esa mujer que tenía dos flores en el vestido y una corona de flores en la cabeza.
-No lo sé abuelita-le dije sintiendo un escalofrío en mi frente. 
Me dijo que me pusiera una blusa blanca y un pantalón gris. Gris como el color de sus ojos.
La besé de nuevo, y me fui cuando ella tenía los ojos cerrados. Al voltear para verla le dije con mi mano adiós, ella se sonrío.

Sonrío conmigo, platicó conmigo, su ojos grises y apagados se fijaron en mi aunque en sus desvaríos no haya sido Flor con la que estuvo sino con Rosa.

Salí con una sonrisa para que abue no me viera llorar. Pero me derrumbé cuando vi a Barry. Tener que decirle lo que me dijo su mamá era algo muy duro para él y sus hermanos pero debía hacerlo.

Las decisiones que hay que tomar en cuanto a la abuela son muy difíciles. Barry ha dicho que lo dejemos solo, no quiere compasiones ni abrazos ni nada, así nos lo ha dicho ¨No quiero que me abracen ni que se me acerquen¨.

Lo hemos entendido pero sabemos que al final así no va a ser, siempre estaremos con él.

Sus hijos han estado recordando tantas cosas... ella ha recordado a Rosa. Puede ser que Flor nunca haya existido para ella.

Flor... la que le robó el amor de su hijo para formar una familia feliz que hoy se entristece porque ella está muriendo.

Yo si te recuerdo agüelita, eres la que me dijo que se iba a plantar en mi ventana para asustarme si me portaba mal con Barry.
Eres la mamá de Barry agüela... suficiente razón para no asustarme contigo.

Quédate tranquila agüe... 

Ayer en un solo día toqué los dos extremos de mi vida difíciles de juntar: La felicidad completa de sentirme viva y el dolor de ver a Barry sufrir la agonía de su madre.

Extremos... caminos paralelos que nunca se juntan y que hoy me tienen perdida.










Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales