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viernes, 28 de agosto de 2009

... y vivieron felices para siempre.




Nació el día que se casó, tenía entonces 22 años, él tenía 24 años de edad.
Se lo ha dicho innumerables veces - nací el día que me casé contigo-.
La vida que llevaría a partir del 29 de agosto, sería la más feliz ... siempre lo creyó... siempre lo ha creído así... aún a pesar de los golpes bajos que le haya dado la vida - pocos en realidad-superables casi todos... menos la muerte de sus padres, que se fueron antes de empezar a disfrutar la vida misma.

Se casaron con el descontento de su padre y el temor de la madre de ella, no estaban convencidos que estuviera hecha para el matrimonio, no con su carácter tan férreo, voluble y caprichoso.

Llegaron a vivir a una colonia de clase media... sin clase... había que adecuarse a los tiempos que empezaban recién.
Se casaron por la tarde para no tener que dar comida y cena. Había que ahorrar.
Dejaron la iglesia para ir a degustar el banquete a casa de la madre del novio.

No bailaron, ella no sabía- nunca ha sabido bailar y cuando se atreve, parece que va a emprender el vuelo- por eso lo evita, para ahorrarse la risa de los presentes.
Tampoco tenían muebles - solo la cama- y los regalos de boda había que ponerlos en el suelo. Aún así, ella hacía que su casa pareciera el más acogedor hogar que habían tenido nunca.

Empezaron como la mayoría de los recién casados, con apenas lo indispensable para vivir.
Se conocieron en la empresa donde trabajaban ambos, ella como jefa de archivo y él como ayudante de técnico.
Los mismos compañeros se encargaron de acercarlos. Venían de una relación tormentosa, ella decepcionada porque el novio se fué para casarse con otra y él, saliendo de una relación no bien vista por la ¨sociedad¨.
Empezaron a salir y a los 8 meses se casaron, debido a la reticencia del padre de ella, que creía que su ¨princesa¨se merecía algo mejor.
No les importó y después de un encontronazo con el padre, él le pidió que se casaran.

Al año nació su primera hija- la luz de sus ojos- que con el paso del tiempo, se ha convertido en su mayor orgullo- aúnque nunca se lo diga-.
Después su hijo, la ternura de su corazón.

Han pasado peleas, mudanzas, alegrías, tristezas, inundaciones, robos, sustos, muertes, pero lo que tal vez los haya unido y ellos no se han dado cuenta... son las continuas enfermedades de ella, que él al verla tan desprotegida y sola, ha decidido quedarse y no porque se sienta obligado, sino por el gran amor que al pasar de los años- muchos- le sigue teniendo a ella... a Flor... a la MaLquEridA.

Ella siempre le dice, que estaran unidos siete vidas más, que se vaya acostumbrando. Él solo sonríe nervioso.

Ella sabe que aunque pasen mil años, el gran amor de su vida será Barry.




Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales