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domingo, 11 de enero de 2015

Uvas a destiempo

Me prometí que este año si, ora si lo jurito que este inicio de año voy a comer las uvas como dicen los que saben deben comerse.
Y aí voy esa noche atenta a lo que los demás hacían. 12 uvas esperan por mi a ser tragadas. ¿Habrá quién las mastique en tan poco tiempo? Me declaro incompetente para tal menester.

Observo la cara expectante de mi familia. Con las uvas esperando ser comidas en una mano mientras con la otra espantaban las distracciones cual moscos fastidiosos. Usha no me molesten que ya van a ser las doce, lo dicen en la tele los locutores muy nice y emperifollados.

Comienza la cuenta regresiva. Eufóricos empiezan a contar los comensales.

Diez
Nueve
Ocho
Siete...

-¡Noooo, no te las comas aún!- grita alguien
-¡Maldición, desperdicié cuatro deseos.

Estoy pensando cuál será mi primer deseo. ¿Quién se encarga de cumplirlos? ¿Qué pido diosito, qué pido? 
¡Ya sé! pediré salud. 

No, por cruel que suene mientras tenga el pp nunca seré sana por más que me digan mentiras piadosas de que me veo muy bien y todas esas cosas que ayudan a levantar el ánimo. El pp será mi eterno acompañante hasta que cuelgue los tenis, entregue el equipo o me muera. Escojan la versión que más les guste. Será la sombra fastidiosa atada a mis pies.

¿Dinero tal vez? 

Si no trabajo no conozco otra manera de obtenerlo. La psicóloga dijo que puedo trabajar en mi casa en una editorial o algo en el que no tenga que salir de casa porque estoy enferma del cuerpo pero no de la cabeza. (A estas alturas no puedo creer que no sepa que estoy un poquito desquiciada). A decir verdad en mi larga vida sólo trabajé en el principio de los tiempos pero en mi cabeza siempre estuvo la idea de estar en mi casa. Tener mi hogar, mis hijitos, un esposo amoroso con el que moriría tomados de la mano. Entonces trabajar no ha sido mi prioridad ni siquiera una idea remota. No voy a mentir. Como dice la canción: que trabaje sólo el güey porque el trabajo lo hizo dios como castigo. Y no me miren feo no soy un bicho raro, soy tan sólo un modelo antiguo.

Cuando me casé firme un contrato imaginario en el que Barry solventaría todos mis gastos y necesidades y tendría en mi una esposa fiel y dedicada. Enojona pero no soy perfecta. Para algunas mujeres sobretodo las de nueva generación esto les puede parecer patético, para mi no. Es la vida que escogí y nunca me he arrepentido de ello. A veces nomás cuando me dan ganas de patearle los huevos a Barry que me hace enojar pero luego se me pasa. Ser mantenida no me quita dignidad igual casi no tengo. Por cierto hablando de dignidad ayer perdí una poca. Qué bueno que nadie vio cómo se fue entre el jabón y el desmanchante por el caño del lavadero.  ¡Alabado sea el señor!

Seis, cinco, cuatro...

Si pido amor me pregunto qué clase de amor si todo lo tengo. El de Barry, de mi familia, mis hijos, La Bella, de mis amigos, el de mis perros y de mi gato. ¿Qué amor puedo pedir? ni modo que de uno extra, no sería bien visto tener un amante por ahí con el cual dar rienda suelta a lo que no se hace con la pareja. Ni pensarlo, qué diría la gente que me conoce, la que me cree intachable, sin una mancha en mi expediente amoroso. Tal vez si fuera hombre pero no, soy mujer y ya está. Me queda la imaginación aunque a decir verdad nunca he tocado los labios de alguien en mis sueños ni siquiera los de Enrique. Soy fiel... creo o mejor no me lo cuestiono no vaya a ser el diablo, me tiente y tenga que tragarme mis palabras.

Y así transcurre el tiempo de comer uvas.

Tres, dos, uno...

¡Feliz Año Nuevo! todos se abrazan, se besan y prometen que ora si deveritas voy a hacer lo que no y seré una mejor persona y te querré más que nunca, y te seré fiel en lo próspero y en lo adverso, y ora si voy a cambiar y...

Suena la primera campanada. Observo a todos concentrados en pedir deseos que nunca sabré cuales son porque si se dicen no se cumplen y sigo sin poderme tragar la uva número cinco porque ya perdí la cuenta de las campanadas y se me tergiversaron los deseos y mi lengua se enredó con mi mente y ya no sé ni lo que digo. No sé qué pedir. Ya se me olvidó. Mis uvas siguen en el plato. Todos las han terminado. Están contentos. Se abrazan, son felices. ¿Qué otra cosa puedo pedir? Nada porque los deseos que quiero se cumplan están en manos de nadie o de mi que es lo mismo pero no es igual. 
Ser felices está en ellos, tener salud y amor. Son deseos elementales que están ahí pero son ignorados la mayor parte del tiempo. 

Mantendré con buena salud las pocas neuronas que me quedan, seguiré trabajando para cumplir mis caprichos sin tener que esperar a que Barry como hado bienhechor me los cumpla y daré el escaso amor que siento que tengo a los que sin medida me quieren no como deseos ni propósitos manoseados sino porque quiero... mientras me acuerde claro.

¿Y las uvas?
¿A quién le importan?


Oritita vengo, no me tardo, recuerden que conmigo no van las prisas.












viernes, 9 de enero de 2015

Quehaceres cotidianos

  1. ¿Cómo se convence a una niñita que a la escuela no se va con pijama de Hombre Araña ni con zapatos del ídem? 

Le expuse a Natalia mil argumentos que entendió a la perfección pero que no aceptó. ¡Quiero ir a la escuela con mi pijama de Hombre Araña, abuela!
¿Qué hacer Jesuscristo Salvador ante la voluntad férrea de una niña que sepa su madre de dónde sacó lo necia? Nada por hoy.
Lo siento por la miss porque cuando La Bella quiera ir al baño le va a tener que quitar la chamarra, el sweater, la bata, las mallas y la pijama. Con este frío de todos los diablos los niños deben asistir a la escuela cual cebollas, con capas y capas de ropa para evitar que se enfermen.


  1. ¿Cómo le explico a una niñita que no debe lanzar maldiciones? Que ella es una princesa hermosa y el ¡Maldita sea! que su abuela lanza a menudo es por su carácter explosivo pero eso no quiere decir que ella las diga.

Ante la lentitud del iPad para cargar escuché a La Bella decir: ¡Madita sea, el iPad no carga!

Le expliqué sobre esa manera mía de lanzar exabruptos por todo no es buena, no debe copiarla.
-Si abuela, las niñas no decimos eso- me dijo con su sonrisa de niña linda para después decir: ¡Madita sea no hay internet!

  1. ¿Cómo explicarle a una niñita que las pastillas que tomo son porque estoy enferma, porque las necesito y no como fórmula mágica para aliviarme de todo como ella piensa?


Hace unos días La Bella quería una pastilla porque le dolía algo -no supo explicar qué-  y me pedía una de las que el pediatra le recetó cuando recién enfermó de gripe y tos.
Afortunadamente es una niña muy inteligente y lo entendió pero tengo que estar alerta con la farmacia que tengo en mi casa (por aquello del pp).

  1. ¿Cómo hacerle entender a Natalia que los monstruos no existen más que en la imaginación y que por muy oscuro que esté un sitio no hay cabida para ellos?


Monstruos, diablos y demás seres imaginarios fueron creados para infundir miedo o para entretener luego entonces debe saber que nada de eso existe. Debe tener fuera de su mente el miedo, sé porque se lo digo.

Ser la figura principal en su día a día no es bueno para ella por mis defectos que salen a flote a la menor provocación. Tengo que mantener a raya lo malo para que Bella no sea una copia de esta que soy. Debo sacar más a menudo todo lo bueno que tengo -dicen que tengo muchas cosas buenas según- No se puede repetir la historia.
Si algo hay que rescatar de estas vivencias entre Natalia y yo es que nos estamos uniendo más cada día como nunca antes me uní con nadie.

Lo que tengo que hacer es pensar antes de abrir la boca y eso si que es un verdadero problema para alguien que habla antes de pensar.

Click!













viernes, 2 de enero de 2015

¿Ton's qué?

Enero es como tu casa después de una fiesta: todo está revuelto. Por más que seas grinch te has dejado envolver por los foquitos de colores y la alegría -falsa o no- de la gente que te encuentras por todos lados. ¡Ah como hay gente por doquier caray! ¿Están seguros que todos vivimos aquí? ¿No se perdieron o algo? Pero, hablábamos del caos en tu casa. No sabes por dónde empezar a poner orden. Con los pelos parados y los ojos como semáforo en alto miras todo y te dan ganas de tirarte en el sillón más cercano. Duermes esperando que al despertar el hada del orden haya arreglado todo pero no. Después de dormir como si no existiese otra cosa en el mundo, abres los ojos y todo sigue igual. Pides permiso a un pie para levantar el otro. Te frotas los ojos, bostezas como león, te pones en pie estirando los brazos casi tocando el cielo. Las pocas fuerzas que tenías las has ocupado en estirarte y caes de nuevo en el sillón. Es en vano, no hay poder humano que te mueva de ahí. Sucumbes a la modorra imperante. Acomodas las manecitas bajo tu cara colocándote en posición fetal -a estas alturas tu cara ha adquirido un gesto de estupidez alucinante- suspiras y vuelves a dormir deseando -ora si de a deveritas- que la floja hada del orden deje de dormir a tu lado y se ponga a darle duro al trapo y la escoba para que cuando despiertes todo esté limpio. Si no pasa así ruega porque alguien llamado señora del aseo o hermana caritativa acuda a ayudarte. Sino, tienes tiempo todavía para ordenar todo. Es viernes, no han terminado las vacaciones, Natalia no está. Tienes la casa para ti solita con todo y su caos pero... tienes razón, vamos a dormir quien quita y al amanecer llegue un ejército de hermanas comandadas por tu hija y te liberen de hacer todo. Ojalá.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.