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jueves, 29 de enero de 2015

Realidad insuperable

Cuatro días sin antidepresivos y tres noches sin cápsulas para dormir hicieron ver que no estoy lista para dejarlos. ¡Tres días y yo muero sin ellos!
Ando irritable. Exploto por cualquier cosa. Por más que lo quiera no hay manera. Me declaro incompetente para soportar la realidad sin sentirme alterada. Cualquier precaución es poca. Como en película trillada, el enemigo acecha.

La inseguridad de la cual no me entero por vivir casi enclaustrada me dejó con los nervios de punta.

Hoy en la escuelita hubo ceremonia. Todos vestidos de blanco como palomas. Niños, profesores y padres de familia unidos para tomar medidas y contar experiencias sobre lo que está ocurriendo, aquí, en el estado, en el país entero. 

Enterarnos el porqué de la renuncia de una miss a la que no vemos desde hace una semana. Su hija estaba amenazada de secuestro. La miss renunció para irse a cuidar a su retoño. La miss, la que enseñaba a los niños a bailar y disfrutar la música se ha ido de la escuela. Tiene miedo ¿y quién no?

Hubo testimonios de gente cercana sobre intentos de robo a vecinos y el secuestro de una niña de doce años. Las casas están siendo abiertas para robar a plena luz del día, con personas dentro. El vecino asesino con su cuerpo grande y rollizo amedrentando a un joven y yo pasando por ahí. Muero de miedo cuando veo a dos hombres pelear. Estoy anonadada. Los delincuentes no tienen miedo ni siquiera a morir.

Y yo creyendo vivir en un paraíso si no en calma por lo menos un poco más seguro. Hace tiempo no se oía de nada malo que ocurriera en este pequeñito lado del mundo. Cruel realidad, no hay nada de eso.

Me pongo de nervios. No he dormido. Dejé los antidepresivos porque se me dio la gana. De vez en cuando me gusta sentirme dios. 

Llego a mi casa, explico a Barry lo que está pasando. Natalia enferma llora un poco de atención. Los perros ladran desaforados.

Barry tiene que irse. La niña llorando pide acurrucarse en mis brazos. Los perros se van a reposar la comida. Me quedo analizando lo que está ocurriendo. Mi poderosa mente no funciona sin pastillas de color verde.
No tengo ganas de llorar ni de patear o golpear a nadie. La realidad me supera. Estoy enojada.

En la escuelita, La Bella fue la encargada de hablar sobre la no-violencia y la convivencia armónica. Ella como promotora de la paz conmina a todos a no pelear, no gritar, no ofender. Debemos grabarlo en nuestra cabeza de chorlito para aplicarlo en casa, en la calle, do quiera que vayamos. Todo para tratar de contener la violencia que se ha empeñado en atrapar a los jóvenes y niños. 

Los niños son el presente no el futuro.

Luego en el salón nos pasan a los padres de familia un video en el que explican lo que hemos dejado de hacer. Muchas de las causas del porqué el mundo está hundiéndose en la violencia, drogas y corrupción. 
Son imágenes crudas donde se ve gente peleando entre sí. Otros en vez de separar a tipos o mujeres incluso niños, se dedican a grabar. 

Dos cortos casi me arrancan lágrimas de tristeza e impotencia. En uno, una madre golpea a su hijo con una vara. El niño llora. La mujer le golpea la cabeza, las piernas, las manos. Todo su cuerpecito es azotado con furia. El niño cae al suelo, ahí la madre lo patea. El chiquito ya no tiene fuerzas para llorar. La mujer le grita y se va. Inmediatamente regresa para volverlo a patear. El niño ya de pie, no llora. Alguien desde arriba está grabando. Nadie acudió al llanto que no sé describir, del bebé. No tenía más de tres años. ¿Qué clase de madre puede golpear así a su propio hijo? 

El otro es sobre dos mujeres jóvenes peleando. Una tira al pavimento a la otra. Esta se golpea la cabeza al caer mientras la primera toma la cabeza de su rival y la estrella contra el suelo. A la mujer tirada le da un ataque supongo debido al golpe. La otra sigue agrediéndola. Unos gritos le avisan que ya la deje. Se aleja no sin antes volver a patearla en el suelo. Alguien seguía grabando. Nadie las separó. La gente prefiere grabar que ayudar, es más divertido y más seguro

Seguimos mirando sin poder apartar los ojos del aparato que nos muestra en crudo la vida real. Tanta violencia existe, nos la mostraron hoy y yo no resistí. Me alteré. No reaccioné como debía, fue mucho para mi.
La realidad me sobrepasa. No estoy preparada para afrontarla. Soy cobarde, prefiero seguir con mis pastillas. Es demasiado. Dirán y no me importa, que nadie está preparado para nada pero es mi manera de describir algo que no se puede hacer.

En la escuelita nos recomendaron regresar rápido a nuestra casa. No dejar a los niños solos. Irnos en grupo. Cerrar todo muy bien. Cuidarnos unos a otros.

Pensar que este mundo es el que les estamos dejando a los niños y ellos lo están viviendo sin antidepresivos ni pastillas para dormir.

Hoy ni siquiera tengo ganas de decir click, ni de hablar ni de nada.












Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales