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miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Y dónde están?.






Quisimos salir a buscar a los alebrijes como el año pasado en donde nos divertimos mucho tomando fotos mi familia y yo.
En realidad fui la única a la que tomaron fotografías con los monstruos gigantes y fue muy divertido. Incluso la gente se reía de mis poses o de mi no sé. Igual da.

Esta vez salimos solo Kiku y yo armadas con la cámara fotográfica y nuestra mejor disposición de pasar un buen rato.

Así que como Don Quijote y Sancho Panza ( no voy a decir quien era quien pero yo no era Sancho Panza), emprendimos la búsqueda de los molinos de viento, digo de los alebrijes. 
Partimos del Auditorio Nacional caminando alegres tomadas de la mano...

¡Sha la la la lá!...

Caminamos...

Caminamos...

Caminamos y los alebrijes ni sus luces. Mi cara empezaba a ponerse roja y después verde y después amarilla, parecía semáforo pero descompuesto. Kiku viendo que se me frunció el ceño, me dijo que pronto los encontraríamos y que no me enojara.  
Llegamos al Ángel, pero de los monstruos jijos de su mal dormir no había nada. Kiku siguió diciendo que más adelante pero ya no le creía porque el año pasado la exposición terminaba exactamente en el Ángel, o sea...

De pronto...

¡Viva! ¡un alebrije! o al menos se le parecía. Dimos vueltas y vueltas para entender que forma tenía pero no le encontramos ninguna más que de cartón arrugado por una lluvia esporádica que cayó en noviembre. No le tomamos fotos porque no sabíamos qué era.
Mil metros más adelante había otro que era una araña amarilla con cara de calavera. Y otros doscientos kilómetros más adelante encontramos otro que igual no supimos que carambas era.

Mis ojos sacaban chispas pero seguimos caminando. Mientras, para que me distrajera, Kiku me dijo que le contara las aventuras con mis compañeritos de la escuela.

Y le conté...

Entonces cuando me dí cuenta ya estábamos en la iglesia de San Hipólito o de San Judas Tadeo. Para los que no saben qué distancia hay entre el Auditorio y la iglesia de San Judas Tadeo, les diré que son cerca de chorrocientos mil millones de kilómetros y los caminamos sin casi quejarme. Y conste que no estoy exagerando, si no me creen pregúntenle a Kiku..

¿Y los alebrijes?, sepa su madre. 

Me cansé de tal manera que aún ahora mis piecesitos resienten el caminar tanto. Mientras Kiku iba muy atenta escuchando mis andanzas con la profe de redacción con la que me peleo porque no sabe nada y los coqueteos con mi amiguito Miguel uuuiiii! y su manera de darme palmaditas en la espalda, más uuuuuiiiiii! y el beso que me da en la mejillita cuando se despide de mi, recontra uuuuiiiiii. 

Oh oh, eso no lo sabe Kiku, chispas ya ni modo.

Como llegamos a casa de Juan de la ch...y no encontramos nada decidimos regresarnos. Le hablamos a Barry pero nunca nos contestó así que ni modo aquí vamos de regreso. Cuando llegamos a casa Barry dijo que los alebrijes estaban en la Secretaría de Marina, =&%$#""!$%&% gracias Barry, que bueno que nos dices.

Ya no quiero saber nada de alebrijes ni fotos ni nada...




...hasta el otro año si es que sigo en este mundo.














Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales