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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Mi mejor amiga


Cuando Natalia dijo que habían visto de regreso de la escuelita a mi mejor amiga me quedé pensando a quién se refería. 
En la vida real no tengo amigas -no me refiero al blog- no hablo con nadie, apenas salgo de mi casa y cuando lo hago es en compañía de alguien de la familia. Yo no sé cómo me atreví a salir sola el otro día en que La Bella se fue llorando a su casa porque no quise ir con ella a jugar dado que no había quién me regresara.
Todo el camino iba llorando, dijo poco después mi hijo. Incluso se quedó dormida con el sentimiento lastimado.
No pude soportar saberlo. Agarrando fuerzas de la nada tomé mi bastón, me levanté para sentir cómo estaba el pie. Dolía pero era soportable. No debo forzarlo pero era una emergencia.
Crucé sobre el pecho el bolso que mi hijo compró para traer mis artilugios mágicos -salvavidas en una bolsita-  y emprendí la aventura. Ir a la casa de Natalia.

Salí estoica y valiente pero el valor se fue perdiendo entre la mirada de la gente y los coches veloces. Tiemblo ante ellos. 
Me quedé paralizada a media calle, después comencé a contar los pasos para distraerme. Tomé un taxi. El chofer era un tipo malhumorado que no sabía de lugares ni nada. Como pude le dije por dónde ir. ¡Vaya con él! ¿Qué no ve que con trabajos sé cómo me llamo? Requiero un conductor capaz no un tipo al que hay que explicarle todo.

Llegamos al fin.
-Que dios la bendiga, madre.
-Aggghhh no soporto que me digan ¨madre¨. ¿Madre? siento como si me dijeran: ¨ándale pendeja vete con cuidado¨. Será que las palabras cariñosas de otra gente me repelen. Tratenme como señora normal aunque no tenga indicios de parecerlo.
.
Sobra decir la sorpresa de mi hijo al verme llegar sola. Subí directamente a la recámara de La Bella quién dormía con los restos del llanto en la comisura de sus labios. Lágrimas de niña herida en el corazón.

Me recosté junto a ella acariciándole la mejilla. Luego ya fue todo. Despertó, la acurruqué en mis brazos, me sonrío, me abrazó, llegó su mamá, le estiró los bracitos y ya no me hizo caso. Típico de los niños cuando ven a la mamá el mundo desaparece. No existe nada más placentero que el regazo de una madre

Volviendo al punto de la mejor amiga, cuando Natalia me dijo eso, voltee a donde Barry, alzó los hombros en señal de no saber nada, dejando que la niña -a La Bella no le gusta que le diga niña- me siguiera platicando.

-Tu mejor amiga abuela
-¿Quién es mi mejor amiga, muñeca?
-Adriana- contestó sonriente.

Adriana es una de mis hermanas a la que un tiempo nos unió el hecho de ir por La Bella a la escuela. Yo pasaba por ella, la recogíamos, nos llevaba a la casa y nos quedábamos platicando.

Fui muy feliz en ese tiempo, a pesar de vivir tan cerca no nos frecuentábamos. Esa época la disfruté bastante pero nada es para siempre. Entró a trabajar y se acabó. Vuelta a permanecer callada. A caminar La Bella y yo de la mano. No menosprecio a Natalia, sus pláticas son interesantes pero a veces requiero salir de su mundo de fantasía para ubicarme en la realidad. Requiero entonces de alguien que me escuche.

No lo había visto de la manera en que Natalia ve las cosas. Adriana se convirtió en mi mejor amiga. Yo sólo la veía como la hermana menor tratando de cuidar a su hermana mayor y ya. Era mi hermana, nunca me di cuenta cuando se convirtió en mi mejor amiga.

Bien lo dijo ella cuando se lo comenté: -Natalia sí sabe-
Ahora lo sé también, tengo una mejor amiga y no había reparado en ello. 












Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales