sábado, 26 de marzo de 2016

Para escribir tres cartas...

.. requiero de mucha paciencia. También de una pluma con tinta negra, punto extrafino. Creo tengo una en la cangurera de las que le robo a Laura. Con esas plumas hago la letra bonita como señora antigua. Sin tanto garigoleo. Elegante, sobria aunque no me gusta la "f" porque sale toda fea. Nunca me han gustado los trazos amorfos de la inicial de mi nombre. Tengo que concentrarme muy bien porque a veces comienzo con la letra toda linda y termino con letra de molde y mezclando mayúsculas con minúsculas. Es que mi mano tiene vida propia entonces me cuesta trabajo hacerme obedecer por ella. Comenzaré por el nombre. Después el motivo de la carta la que sazonaré con un toque de humor y nada de mala leche -hay que acostumbrarse el término- para que todo salga fluído. Tengo un paquete de hojas tamaño carta, papel bond, blancas que alguien compró hace muchos años cuando empecé la historia de Annabel Lee. Ahmmm pero voy a escribir muy chueca. Eso no será obstáculo. Más chueco está el mundo y sigue girando. Le voy a escribir primero a Barry. Luego a Laura. Al final a Bruno. Guardaré cada carta en un sobre color crema de los que Laura me regaló hace mucho y en los que envío mensajes a la Miss directora o a la miss de La Bella -¡Aghhh cuánto te extraño preciosa!- Cuando haya terminado las dejaré en un escondrijo al que sólo ellos tienen acceso. Con eso me aseguro que nomás ellos la lean. No es que sea valioso lo ahí escrito sino que es el pensamiento de una madre y esposa. Ya quisiera tener -en los momentos bajos- un algo de mi madre. Tangible amor acurrucado debajo de la almohada. Terminando, me sentaré a esperar o no. Haré algo mejor, pero algo mejor que escribir una carta es hablar directamente a los ojos. Puedo pero dudo en hacerlo. El valor se me escurre entre los labios haciendo inteligible el habla. Requiero de mucho valor para no mirar el suelo o desviar la vista. La inseguridad se ha adueñado de mis ojos. Escribir es mejor. La voz no tiembla, la mirada está fija. No tengo que buscar en la terrible manía de contar las letras una tabla de salvación. Naúfrago de dudas, escribir cartas es un grito en silencio al que recurro un Sábado Santo del año del Señor. Voz sin sonido, letras sonoras. Dualidad misteriosa. Me voy señores, no me extrañen porque nunca me voy. ¡Oh que la! ¿O si o no? Permanezco agazapada esperando el momento de saltar cuando me pica el orgullo o cuando sin más se me da la gana tirarme a la yugular. De suya casi nunca -soy lo único verdaderamente mío-, Yo -¿Así o más ególatra?- quién sea que sea la que hoy esto escribe.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Las horas perdidas

En vacaciones siempre pierdo un día. Esta vez no hay excepción, extravié el lunes. Salté del domingo al martes o miércoles. No supe en qué día estaba. Tuve que recurrir a mi hijo para salir de dudas.
Era martes, entonces hoy es miércoles -no se rían, esto es serio-. Pude haber perdido el lunes porque fue feriado. Fin de semana largo. Lo viví como si hubiese sido domingo, el martes como lunes.

Hoy he recobrado la memoria. Ubicada ya en el tiempo, existo en el día exacto. Digo que el lunes no lo viví. ¿Dónde se perdió? En algún lugar del espacio los días perdidos fluyen sin prisa a ser recobrados. Esto no es nada, viene el cambio de horario, surgirá la pregunta de siempre, ¿dónde queda la hora que nos quitan? Si se adelanta el reloj entonces no he vivido una hora. Hay cosas ridículas para otros -no para mí- como esta.

Hay cosas más importantes en qué pensar que estúpidas banalidades. Hay cosas que por obvias es ridículo preguntar. Y sin embargo las horas y días perdidos tienen un enigma dibujado en la nada. Los poderosos mueven el tiempo a su antojo, lo manipulan haciéndonos creer que es por nuestro bien y el del planeta. Dioses del dinero y los negocios. El tiempo es oro.

Regreso las horas, ¿qué sucedió el lunes? Creo que ese día cené con Adriana. Al día siguiente sucedió un hecho extraño con las llaves. Por más que repaso minuto a minuto lo que hice, no encuentro respuesta. Sucede en vacaciones. Sucede con el cambio de horario. Invariablemente siempre pierdo algo incluyendo un poco de razón.

Extraño a mi terapeuta favorita. Ella tenía el don de hacerme encontrar la respuesta adecuada por más descabellada que la pregunta fuera. Puede ser que más nunca la vuelva a ver. Mis pies no entienden de prioridades. Mi cuerpo no entiende de distancias. Mi cerebro no entiende que hay cosas contra las que no puedo luchar. El deterioro intrínseco que trae una enfermedad neurodegenerativa.
La cabeza ha dejado de latir experiencias nuevas. Sobrevivientes a una crisis económica jamás vista, soslayo de manera oportuna el ayer ofrecido. La memoria dando un último asomo a la locura. Los días perdidos no volverán, y yo viviendo un poco así tan sin embargo. No puedo o no quiero evitarlo. Pierdo el tiempo precioso pensando en lo que no mientras otros lo aprovechan. La culpa es de mis pies. Anclados la mayor parte del tiempo en un mar de inamovilidad no queda mas recurso que perderme en el algo inexistente.

















lunes, 21 de marzo de 2016

La fórmula perfecta


la MaLquEridA + su familia= FELICIDAD



En este punto de mi vida la familia lo es todo.
Han sido mi soporte durante todo esta etapa dantesca que he -mos- vivido.
Sin ellos la vida no es vida.
Tan simple,
tan perfecta.
Tan quererlos más allá de mis fuerzas.
Tan saber que sin ellos no existo.
La merezca o no, hoy me doy permiso de sentirme merecedora de pertenecer a una familia como la mía.


Digan click.


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viernes, 18 de marzo de 2016

Rosa Rosita...

¡Lo encontré! Segunda parte del cuento de la pulga Rosa.

¡Albricias! (bueno no).




Después de haber saltado del Rottweiler donde vivía y ayudado a Rosa a salir de debajo de la correa del Gran Danés donde permaneció escondida, Joaquín y Rosa quedaron frente a frente. Sus miradas se encontraron. Un chispazo recorrió sus cuerpos . Traspasando la piel, el amor se instaló en el corazón. Los sentidos se fueron descubriendo al paso de los dedos. Tomados de la mano como estaban no sintieron el tiempo pasar de puntitas para no hacer ruido.

Se habían enamorado a primera vista. Cupido-pulga les había dado en el mero corazón. Ahí por donde circula el amor en forma de sangre y el latir deja constancia de saberse vivo, se había metido la punta de la flecha.

Joaquín vio a la más hermosa pulga. Con un vestido negro estampado haciendo resaltar la piel morena de Rosa. Bajo el vestido adivinaban las bien torneadas piernas. La tela caía sensualmente sobre su cuerpo acariciándolo casi sin tocarlo. El pelo plateado por unos cuantos rayos de luna descansaba sobre los hombros. Cara redonda, ojos cafés enmarcados por largas pestañas dándole al parpadear una suave brisa. Los labios carnosos pedían ser besados. Sonrisa apenas dibujada y un suave perfume adornando todo su cuerpo. Rosa era la belleza hecha pulga.

Pero como en todo, si no hay un pero la vida no es vida. Rosa tenía un pequeñísimo defecto, era muy celosa.
Cuando vio por primera vez a Joaquín dijo, de aquí soy. Vio en él al pulgón más guapo del mundo.Tenía los ojos pequeños. Nariz media... media rara porque era un poco extraña.
La boca de labios delgados, dejaban entrever dos hileras de dientes bien cuidados. La barba de candado lo hacía verse más atractivo. Cierto que tenía una incipiente calva que cubría con una gorrita mamona para que no se escaparan sus pensamientos pero eso no influía en nada para hacerlo ver mal.
Por debajo de la gorra asomaban algunos hilos blancos adornando las sienes. Joaquín emanaba un perfume excitante haciendo que Rosa se transportara al cielo de las pulgas.

Vestía playera color crema. Pantalón de mezclilla y una chamarra azul marino haciendo juego. Era muy atractivo pero nada le ganaba a su risa. Era como una ola de felicidad cuando reía.

Era muy alegre. Cascabel de flores.  Cuando vivía en el Rottweiler, tenía entretenidos y  muertos de risa a sus amigos pulgones quienes brincaban a su alrededor  pidiéndole les contara chistes o que les platicara de su vida que contaba de forma muy graciosa.
Las mujeres lo seguían por su forma de ser tan extrovertida. Alegraba  a todo aquel que lo escuchara.
Aunque no todo podía ser color de rosa. Joaquín tenía un defecto: era ojo alegre o como decimos en mi pueblo, mujeriego. No podía evitarlo. Le gustaban mucho las mujeres pulga.

Así pues, visto lo visto quedaron prendados con cualidades y defectos uno de la otra.

Habiéndose mirando con ternura, Joaquín acercó su boca a la de Rosa sin poder resisitirse a besarla. Ella aceptó cerrando los ojos tiernamente, permaneciendo así hasta que el aire les faltó, retirándose sólo para mirarse fijamente de nuevo.
Los suspiros se escapaban yéndose a posar al corazón de cada uno.

Empezaron a caminar tomados de la mano lentamente por el lomo del Gran Danés yendo a sentarse en medio de las orejas del plácido can mientras este tomaba el fresco de la tarde.

Se abrazaron aún tímidos. Joaquín posó su mano sobre el hombro de Rosa, ella lo abrazó de la cintura. Ninguno de los dos había dicho nada. Se comunicaban con caricias y miradas. Abrazados miraban el amor como se posaba en sus corazones de pulga.
Una mariposa blanca pasó frente a ellos saludándolos con dos piruetas, para después perderse en las ramas de un árbol.

Permanecieron viendo las nubes pasar cargadas de agua. Los pajarillos correteándose unos a otros. El sol al verlos tan enamorados decidió meterse temprano dejando una tenue oscuridad para que los amorosos aprovecharan para volverse a besar.

Un ruido hizo que se separaran. No, no era nadie. era la panza de Joaquín que no había comido desde la mañana y estaba reclamando alimento.
Con una sonora carcajada, explicó que no había probado alimento y su panza tenía la costumbre de quejarse ruidosamente sin importar importunar a quien estuviese al lado.

Así pues, no teniendo más remedio Rosa -ella quería seguir besando esos labios delgados-, le ofreció una sangría aceptándola gustoso. Ella también bebió una poca.

Saciada el hambre, el pulgón tomó de los hombros a Rosa, acariciándolos lentamente. Tenían una suavidad de durazno que lo estaban enloqueciendo. La atrajo hacía él mientras Rosa metía las manos debajo de la chamarra, abrazándolo y posando su cabeza en el pecho de él aspirando de nueva cuenta el excitante perfume y escuchando la música acompasada del latir de su corazón.

Había llegado la noche sin sentirla siquiera, embelesados como estaban.caminaron hacía los cuartos traseros del Gran Danés, donde Rosa tenía sus aposentos.

Pero...

¡No por dios!, Rosa no podía dormir con un extraño. Joaquín creyendo que tendría esa noche el cuerpecito de Rosa entre sus manos, saboreaba ya el momento de acariciar los hombros de durazno. Besar esos labios carnosos que se le ofrecían como una manzana lista para ser mordida.
Así que cuando rosa le dijo: Nel... no... never... nunca... ¡jamás!. No acostumbro dormir con extraños hasta que dejen de serlo. Rompió de tajo los sueños de dormir calientito.

¡Toing!

Rosa le indicó a Joaquín donde dormir mientras cerraba la puerta de la recámara dejándolo con un palmo de narices.

¡Oye! - grito Joaquín a través de la puerta -  ¿cómo te llamas?.

-¡Rosa!, ¿y tu?

-Yo no, yo me llamo Joaquín! jajajaja

Rosa... murmuró Joaquín. Rosa... Rosita... Rosita bonita...
¨Rosa Rosita, con tu aroma me confortas de día y de noche¨... empezó a cantar emulando a Pedro Infante.
Daba saltos de alegría por todo el cuarto, imaginando abrazarla, la tomaba entre sus brazos, la llevaba bailando por cada rincón del Gran Danés o lo que es lo mismo, por toda la casa.

Saltó a la cama poniendo las manos bajo la cabeza, cerró los ojos pensando en esa piel delicada que había tenido muy cerca y que le había trastornado la cordura.
Dejando escapar un largo suspiro se quedó dormido.

Continuará..





















miércoles, 16 de marzo de 2016

Haz de mi lo que quieras

Bien, veamos. Vamos dándole movilidad a este blog. No puede quedarse pasmado. Moverse si si si. En círculos mareadores. Como péndulo de reloj antiguo. Metrónomo marcando pasos. Un dos tres pasito pa' delante, pasito para atrás.
Siendo dueña quién dice serlo, maestra del movimiento perentorio, la vida no se puede detener por un problemilla cualquiera como no poder escribir debido a que el acceso al blog no me fue permitido. Salve maese blogger. Estoy en tus manos. Haz de mi lo que quieras nomás procura no haya dolor. Mira que perder las letras debe ser algo parecido a perder la virginidad ¿No? Sepa la bola.

¿Por qué no hice el drama acostumbrado? No se me ocurrió averiguar. El escritorio en blanco me dejó patidifusa. No había tiempo para berrear, tenía cosas más importantes que hacer, ya después vería. Corre hay que peinar a La Bella, abróchate los zapatos. Deshaz los nudos en tú cerebro utópico. Lleno de sensaciones, escaso de sentido.
En otros tiempos me habría jalado de las greñas al punto de quedar calva. El blog, templo sagrado de mis tonteras cibernéticas era acotado por vallas imaginarias. Los aires intelectualoides se esfumaron. Abur señorita soflamera. 

Pedí a un amigo a ver si podía entrar. No hubo problema.
Mientras peinaba a Natalia, mi hija probó entrar y si pudo. Pedí a mi amiga lo mismo. Fácil, todo bien. A otro amigo no le salió el recuadro de comentarios.r368fr9yxyy666666dtrfy80'¡03aerx
(este es un mensaje escrito pot Natalia para su mamá en un instante que eché la computadora a un lado. No quise borrarlo. Se lo escribió a su mamá y listo).

Todo eso tomado con calma chicha. Total, si se perdía el blog pues ni modo. El mundo no se acaba por nimiedades.

Pensé podía ser problema del iPad, se ha vuelto obsoleto. Encendí la computadora. Apareció un letrerillo: Esta computadora dejará de recibir notificaciones porque es obsoleta. Blah, obsoleta su señora madre.

De la computadora grande ni hablar, hace mucho que se convirtió en adorno. Está más vieja que el blog. Para un aparato de esos, es mucho tiempo. Ancianidad.

Las cosas como todo van dejando de servir. Si se puede se cambian por otras y si no pues no. A todo se acostumbra uno menos a no comer.

El caso es que mientras se pueda, hay que darle al teclado, para eso está. En tanto se me ocurre algo lindo pa' escribir, trataré de explicar a La Bella porqué Babo Alejandro se la pasa abrazando mi pierna con súbito frenesí. Primavera a la vista y yo con estos pelos.


Siempre suya

















sábado, 12 de marzo de 2016

Marsupialidades

Los entendidos -sabios del alma y sus marsupiales vaguedades- dirían que mi poderosa mente ha provocado que las anginas se me inflamen porque traigo un desengaño allá donde habitan las iracundas decepciones. Y grito ante quién me quiera escuchar que no esperé nada de nadie.
 La cosa es que tengo las anginas chonchas. No me dejan pasar bocado, saliva  ni nada. A este ritmo tendría que haber bajado unos cuantos kilos pero no, lo único que bajo son las escaleras.
 Los seres mortales sin chiste decimos que enfermé porque salí una tarde de perros sin cubrirme. Los fríos están pocamadre. Eso y la vida. Las cartas como las promesas se las robó el viento. No me enteré de tú amor. ¿Por mí? Esquelas rojito sangre. No me dolería tanto.

 Los aires se alebrestaron señoras y señores. Tiraron postes, árboles, anuncios. Ojalá hubieran tirado también al inteligentísimo dirigente de la nación.
Los vientos cabrones se entretienen -no se han ido aunque se han calmado- desnudando cuerpos amorfos.

Aquella tarde de la que hablo, salí con La Bella. ¡Virgen del amor de Emilio! el aire nos agarró desprevenidas. Primero se estampó en nuestra carita de niñas lindas. Como pude cubrí a Natalia dejando los ojos libres. Yo agachaba la cabeza -¡pinche aire avasallándome de tal modo!- caminaba a duras penas. Juro por el dios -perdón Dios- de todos los infiernos que el aire me empujaba. ¡Si! A mi que no me mueven ni tus lágrimas fui "arrastrada" cual hoja al viento. Vuela pajarita, vuela.
Nocierto, no volé, nomás me empujó.
-¡Abuela agárrame fuerte, el viento me quiere llevar!- dijo temerosa la niña-. La apreté contra mi costado fuertemente, entonces sentimos como nuestros pies íban despegándose del suelo. Empezamos a volar por encima de la gente. Rozando las copas de los árboles vimos dos pájaros negros besarse... nocierto. No volamos ni nada de eso. ¿A poco se la creyeron? Olvídenlo.
Ay tengo anginas gordas y gripe de perro callejero. El caso es que llevo así casi una semana. No quiero ir al médico, ni tomar té de canela con limón ni pastas de té -al fin que ni las conozco- ni caldo de pollo. Puagh ni que estuviera enferma. No gasten letras en mí. En mis genes ser obcecado es primordial.

He sufrido algunas pérdidas.
El miembro más más antiguo después de mí, perteneciente al Club de los Imposibles, se pasó al lado de los buenos. Como fundadora honoraria declaro que ya no encuentro la afinidad que nos unía. Ni modo, el amor no admite cuerdas reflexiones dice el poeta. Otra que se me va. Sea por dios y su bendito nombre.

Ah los Rolling Stones y su rainbow. Tu lo vives querida y yo lo canto. Ronquita la voz susurro un te amo ahora que estás dormida.
 Perdí la mitad de mi vida. De ese tamaño es mi amor. Sin apenas verme a los ojos se fue y yo me quedé aquí. Viendo sin ver. No he llorado su partida porque todos los días lo veo pero ya no es lo mismo.
 Barry también se irá. Lo sé, es cuestión de tiempo. Esta prueba de resistencia con tres miembros en competencia se va quedando desierta. Quiero desertar pero no me está permitido. De todos soy la única que no se puede ir.
Y yo con estas ganas de volar a Oaxaca o de perdida a Michoacán. No no no, no quiero irme de perdida sino quiero irme a Michoacán para perderme -eso si- en sus mercados de artesanías. Si dios existe ha de ser de allí. Todo es tan hermoso. Michoacán saca lo mejor de mí incluyendo la paz interior. Todo pasa y yo ni me entero. Bendita ceguera temporal. Quede constancia que no soy víctima ni de las circunstancias. Con quién me quiero ir no puede llevarme porque soy parte del pasado.
Éramos tan felices. Nada nos faltaba, salíamos juntos, nos divertíamos juntos. Juntos. El fútbol los fines de semana no volverán. Empezamos a conocernos. El mundo se partió en dos.
Está bien, lo acepto como vaca en el matadero. No puedo hacer nada. No es mi guerra. Desapego emocional le llaman.

 ¿Qué más perdí? Ah si, la sabiduría. Creo por eso enfermé. El cuerpo está protestando mis descuidos. Las querencias se van rezagando. La sabiduría a flote de un pequeño ser mostrándonos la vida sin ataduras: Te voy a extrañar dice dando un abrazo furtivo. Después, sigue jugando.
¿Y yo? preguntas.  Héme aquí escribiendo al compás del nuevo ruido en la ventana, traído por los aires de Marzo.
 Quién fuera ruiseñor para volar prontito prontito hacia la chingada.











sábado, 5 de marzo de 2016

Ser Chucha cuerera es cuestión de estilo

¡Virgen del Chongo Parado, escribí esto hace seis años! ¡Mátenme! Malísima redacción. No entiendo de verbos, adjetivos ni la chingada pero juro por todos los buenos escritores que soy una bárbara. 
Fue mi primer cuento. 
Las almas buenas como ustedes necesitan un respiro. Los pensamientos abyectos descansan hoy.
Sírvanse ustedes, es domingo.

Historia de amor de una pulga llamada Rosa.





Vivía en un Gran danés. Había llegado ahí por mera casualidad porque antes vivía en el pelaje de un perro callejero.
Le gustó el pelo del Gran danés desde que cayó ahí por azares del destino. Ella es una pulga. Una hermosa pulga llamada Rosa que vivía en el suave pelaje blanco y negro de un Gran danés.

Rosa se levanta todas las mañanas estirando sus tres pares de patas a todo lo que da. Bosteza, se talla sus ojitos, se calza sus pantunflas rosas y se dirige al baño a darse una ducha. Rosa es una pulga muy limpia.
Le gusta sentir el agua sobre su cabeza, eso la relaja. Cuando ha terminado de bañarse, regresa a su recámara a buscar la ropa que se pondrá.

Escoge un vestido negro con flores color rosa seco. En realidad todos sus vestidos son negros pero con diferentes estampados rosas. Así que cualquiera que se ponga será un vestido negro con florecillas rosas.

Rosa se pone su ropa interior cuidadosamente. Ya que se ha puesto la crema que hará que su piel se mantenga tersa y suave.
Después su vestido y sus zapatos de medio tacón con los que andará dando brincos por aquí y por allá todo el día sobre el lomo del Gran danés. Se rocía sobre su piel morena, unas gotas de su perfume favorito. Se acomoda el pelo con los dedos frente al espejo y sale a pasear.

A Rosa le gusta mucho su casa. Desde que llegó a vivir al lomo del Gran danés vive muy tranquila. Podía echarse dondequiera a dormir y si tenía hambre, inyectaba su lanceta en cualquier lado del perro y comía hasta hartarse. Se limpiaba sus patitas con sumo cuidado, tomando después su siesta de media tarde. teniendo sus antenas alerta para que el Gran danés no  la fuera hacer polvo si tenía comezón.

Le gustaba escuchar música y recorrer toda su casa dando brincos de alegría.

Cuando está triste Rosa, se sube a las orejas del Gran danés. Desde ahí puede ver todo lo que hay afuera. Entonces se recuesta en medio de las orejas y se pone a soñar. Sueña en encontrar el amor.

A Rosa le gusta mucho el baile y no teniendo otra cosa que hacer, ensaya sus mejores pasos yendo de un lado a otro imaginando que un príncipe pulga la toma entre sus brazos, la besa y se la lleva en su brioso caballo a disfrutar su amor en las noches de plenilunio.
Le gusta girar y girar haciendo que su vestido de vuelo se alze dejando ver sus largas y bien torneadas patas traseras, imaginando que el príncipe pulga la espera al final de las escaleras.

Un buen día - como pasa en todos los buenos cuentos que se precien de serlo - sacaron a pasear al Gran danés. Rosa se arregló desde temprano. Se sentó en la cerviz del perro  y agarrada con sus seis patitas se dispuso a disfrutar del paseo.

Todo íba normal, sha la la la lá.

El Gran danés agarrado de la correa por su amo avistó a lo lejos un Rottweiler que también lo vió y emprendieron los dos la carrera para encontrarse y armar una gran pelea.
Rosa se escondió bajo la correa del Gran danés, en el cuello, así no podría pasarle nada. Estaría segura hasta que todo pasara, fuese lo que fuese.
Al encontrarse los dos mastines, se empezaron a olfatear dejando paradas sus colas para reconocerse sin que el encuentro pasara a mayores. El Rottweiler era manso y el Gran danés no era bravucón. Sólo se reconocieron y siguieron su camino.

Visto lo visto, el Gran danés fue recuperado de la correa por su amo, siguiendo su camino sin que hubiera mayor incidente.

Pero...

Al estarse olfateando los dos perros y reconocerse, un pulgón que habitaba en el Rottweiler vió la oportunidad de cambiar de casa. La suya ya no le gustaba. Todo era negro y aburrido y el pulgón quería cambiar de aires. Vió en el Gran danés la oportunidad que esperaba así que dió el gran salto y... cayó cerca del cuello donde Rosa asustada se escondía.

El pulgón que se llamaba Joaquín se levantó sacudiéndo su choncho cuerpo. Revisó a su alrededor reconociendo el terreno. Lanzó una fuerte carcajada y se paró dando un gran salto.
Joaquín era muy bromista, le encantaba hacer chistes de todo y por todo. Cuando vivía en su comunidad de pulgones, era muy apreciado porque les hacía la vida más ligera a todos con su buen humor.

Pero algunas veces ya no lo aguantaban, no sabía estar serio ni callado.

Al caer cerca del cuello del Gran danés, Joaquín vió algo moverse. Debajo de la correa se asomaban unos ojos asustados. El pulgón se acercó con mucho tiento. Alzó la parte de correa donde se escondían esos bellos ojos temerosos, se asomó lo más que pudo y vió a una hermosa pulga dispuesta a soltar unas patadas si osaba tocarla.
Joaquín le tendió la mano a Rosa, ayudándola a salir de su escondite.

Entonces la vió en todo su esplendor.

Rosa con su vestido negro floreado y sus mejillas arreboladas, estaba frente a él en toda su belleza. Joaquín quedo extasiado viéndola a los hermosos ojos cafés que tenían un brillo especial.
Se quedaron así sin sentir pasar el tiempo. Joaquín le tenía tomada la mano.

Rosa sabía que por fin había llegado el amor a su vida.


Algún día lo reescribiré, cuando sea una chucha cuerera y sepa usar los verbos, adverbios, adjetivos y la chingada. Vale la pena... creo.

















Aquelarre de maripositas

Oh pies gloriosos sin memoria, ¿por me tratan con tanto desdén? Tengo que pintar mi casa. Tengo que pintar. Tengo que. Tengo...








Musa de un Toro Salvaje

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Hey si de cuando en cuando nos preguntamos qué demonios hacemos aquí.