de gatos indecisos
perdidos en las noches
siguiendo las huellas de un fantasma noctámbulo de agrestes amaneceres.
El Señor Perro ha retomado sus dominios
no acepta la presencia del joven gato desde hace una semana.
La casa huele a yerba
tierra mojada del jardín trasero
regada por la lluvia soporífera
en la canícula de agosto.
Apenas y me miras entre sombras
no me hablas
no me besas
no sonríes
atento como estás ensayando poemas para musas trashumantes
de ojos negros.
Las margaritas suicidas
responden en tus manos con un Hoy te quiero
Mañana no.
Sin ti no vivo
contigo muero.
Cantas,
juglar de raza etérea cercana a los dioses
para drenar el alma escribes
sobre amores de años postreros.
Morando en el paraíso de jazmines libres sobre el campo
caminas los días para gritar tus desconsuelos
y alegrías de amores recién descubiertos
envueltos en azahares de olores santos.
envueltos en azahares de olores santos.
Pena penita pena
canta la musa de un lugar lejano
esperando sumergirse al amanecer en los ojos color cielo
de un mar límpido y bravío.
Ignotos mares aguardan las embestidas de tus letras
navegando en los mares del silencio
desparramado en el lienzo blanco
en el que escribes
los días muertos.
Y vuelves cada día al rayar el alba,
atormentado por el cómplice silencio de tus versos
escritos para una musa
que no es musa
pero quiere serlo.


