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miércoles, 29 de junio de 2011

Aunque sea






Los relámpagos iluminaban los sables entre los matorrales, las nubes dejaban caer toda su carga sobre los frágiles cuerpos que hacían todo lo posible por cubrirse bajo las ramas o en algún sitio que los mantuviera juntos y alertas para cuando sonara la voz de ataque.
El general, valiente guerrero de mil batallas y su joven ejército enfrentarían una de las más duras luchas para las cuales habían sido entrenados. Fue el elegido para acabar con la gente del bunker que año con año diezmaba sus ejércitos, su carácter y temple lo habían llevado a ese puesto del cual estaba muy orgulloso, sin duda las próximas generaciones lo recordarían como el más valiente soldado de todos los ejércitos habidos y por haber.

Con los binoculares, vigilaba al enemigo que se movía silencioso en el refugio donde pertrechados esperaban llegara el nuevo día, sería uno más a salvo del ataque al que estaban advertidos sucedería, más no sabían cuando. Se movían silenciosos, inquietos pero esperanzados en que la última arma funcionara para acabar con los soldados del General.

La señal de alerta llegó al apagarse las luces del bunker, el enemigo se disponía a descansar sin imaginar que esa noche -tres de la mañana- sería cuando se luchara una de las más feroces batallas que habrían tenido desde que empezó el clima caluroso al que ellos les auguraba buen tiempo de comida y disfrute sin tregua.

El General atento al más mínimo movimiento, alertó a los soldados que muertos de frío trataban de mantenerse calientes frotándose entre si, una manera poco común entre valientes soldados, era eso o morir de frío.
De pronto todo quedó en calma, la hora había llegado, prestos con sus sables estaban listos a morir si así fuera necesario, claro que si se salvaban era un punto ganado.
La infantería dio los primeros pasos, escudriñando el terreno encontró un sitio por donde podrían entrar sin ser descubiertos, avisando al General, este dio la voz de ataque.

¡A la carga mis valientes!

Todos en estampida prácticamente volaron hacia el bunker donde el enemigo dormía plácidamente, entraron con mucho cuidado, no había peligro, todo estaba en calma, el enemigo se había confiado y había bajado la guardia entregándose al ejército que sin miedo buscaba por todos los rincones.

En un abrir y cerrar de ojos llegaron a la parte alta donde los miembros del refugio descansaban sin miedo, de pronto el General sintió que algo extraño entró por su nariz, no supo que era hasta que su mente viajó para atrás recordando como habían muerto los valientes ancestros de los que provenía, lo vio claramente, se había descuidado, había estudiado bien las armas con las que el enemigo los atacaba, sabían como cuidarse, pero ese descuido los llevaría a la tumba. Los habitantes del bunker habían sembrado la casa con laminitas mata-moscos, ese era el olor que le llegaba al General, demasiado tarde, su ejército empezaba a caer como moscos, y qué otra cosa podrían ser sino moscos que atacaban a los dueños de casa que se habían pertrechado y armado para que los bichitos voladores que se han soltado debido al excesivo calor y a las lluvias de junio no les picaran su bello y bien formado cuerpo.

Tuvo tiempo para volar hasta el panzoncito que dormía con una pierna colgando, pero empezó a marearse, entonces con todas sus fuerzas se lanzó como kamikaze sobre el rostro de la bella Flor que roncaba plácidamente pero ya no pudo llegar, se estrelló contra la mano que se movía espantando un zumbido lejano, el pico del mosco quedó como acordeón.

¡Maldición! alcanzó a decir el General y yo que me pensaba deleitar con la sangre de la bella dama, esposa del barry-gón que duerme a su lado, ¡chin! y cayó muerto con el sable desenvainado, ¡Auch! fue lo último que se le oyó decir.

Así fue como terminó otra batalla más de los mosquitos picacuerposhermosos que sucumbieron al olor de las laminitas.

Parte de Guerra: Tres humanos sin picaduras.
Muchos, muchitos, muchotes moscos muertos y un General valiente para el recuerdo de moscos venideros.

TAN-TAN












20 comentarios:

  1. Ja ja ja ja... es increíble como logras hacer un cuento con una situación cotidiana... me ha encantado Malque xD

    Espero que no vuelvan a intentar atacar su territorio, yo creo que lo pensarán 2 veces antes de tratar de traspasar sus murallas =D

    saludos!!

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  2. jejejejejeje qué simpática historia Malquerida, algo me imagine por la ilustración, pero la narración daba otra impresión en sus primeros párrafos que por momentos pensé que otro sería el tema, ahora entiendo que es el relato de una rica y relajada noche de reposo sin tener que sentir las molestias de los mosquitos, jejejeje :D
    Van apapachos ;)

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  3. :P al menos los derrotaron hahaha

    ya es tiempo de preparar mosquiteros

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  4. de a buenas que no hay fafarafas en tu casa si no ya me imagino el buen cuento que harias....jajjajajaja

    un abrazo

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  5. ¡Precioso!

    ¡Eres una genia!

    Pero ya lo sabia...

    Besitos y salud

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  6. Me gusta como escribes Malquerida.
    Te felicito, es un cuento muy gracioso.
    Besos

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  7. Este relato fue precioso malque, me hizo reír mucho, descubrir que hablabas de mosquitos.

    "Esta batalla la ganaste tu malquerida, mas no la guerra"
    Fue lo ultimo que dijo aquel valiente General.
    Un abrazo.
    Saludos malque...

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  8. Bah, siempre lo hemos sabido, el ejército que se deja llevar por el progreso es más poderoso. Benditas laminitas, las adoro.

    Sí malque estoy de vuelta, ya escribí algo, si te das una vuelta te amaré.

    Saludos

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  9. Yo me evito esos problemas comprando insecticidas je je je.

    Un buen relato, amiga, sabes sacarle historias a todo.

    Besos.

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  10. Sabías que solo pican los mosquitos hembras... los machos se alimentan de néctar. Siendo así, el ejercito de tu relato cambia un poco, ya q sería un ejercito de puras mamás, en busca del preciado elemento que necesitan para tener sus hijitos... así creo q la historia sería mucho más dramática ;)

    Saludos Flor.

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  11. 'no contaba con tu astucia!'
    pobre General, eso le pasa por confiado...

    abrazos Malque

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  12. Cuidado, que tras un ejército así, suele venir otro detrás cuando menos se lo espera. Los del búnquer: no bajeis la guardia!

    Biquiños.

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  13. Jajajajaja genial comos siempre.

    Abrazos.

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  14. Jajaja, Malquerida, mi bien querida, ¡qué bueno!. No me esperaba este giro que dio el cuento, jajaja. Ya estaba pensando en una batalla sangrienta, y no me podía imaginar que los soldados resultaran tan diminutos (jajaja). Felicidades y besos.

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  15. Si supieras que llevo queriendo leer tu posteo desde las dos de la tarde y no había podido!!!! Tanto trabajo, pero bueno…ahora si… tu guerra con los mosquitos sigue siendo implacable..jajajaja

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  16. esos mosquitos no dejan descanzar, siempre dando guerra

    D:

    cuidateee

    excelente escrito (Y)

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  17. Me gusta tanto cómo eres capaz de explicar de forma original una situación cotidiana cualquiera...

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  18. Me quiero volver chango, no quiero ni pensar cuando tienes plagas de hormigas jaja, debe ser todo un largometraje, buen desenlace. abrazos malque

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  19. Malque 1
    Moscos 0

    Pero... será sólo el principio de una Épica Guerra ?¡

    Estupendo Comaye!

    Estamos en Frecuencia.

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  20. Siempre admiro tu ingenio para convertir lo cotidiano en literatura pura.
    Un fuerte abrazo mi Malque

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Habrá de disculpar la falta de respuesta a este soliloquio intrínseco en el que me hallo.
Visitaré su blog agradeciendo la visita tan pronto el tiempo y la memoria me lo permitan.

Suya hasta que me canse de pertenecer.


la MaLquEridA

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje