jueves, 31 de diciembre de 2015

Rompamos el ritmo

Asomarse a la vida en el momento en que te quedaste a tres pasos de la gloria como dice mi perfil. Vaticinas el futuro en la planta de los pies. Velocidad máxima 8m por 15 minutos. El camino se hace corto si te lo piensas bien. La meta el baño. ¡Corre!

Si me amaras un poco el color de mi pelo no sería obstáculo para enredar tus sueños en él. Soy más que un pelo blanco o gris o rubiocenizoclaro. Reconozco que el amor volvió cauteloso. ¡Dios y yo con estos pelos!

La gente se queja celular en mano que los niños de hoy ya no juegan los juegos de antes. En lugar de quejarse deberían dejar el celular a un lado y ponerse a jugar con ellos. Disculpen la redundancia, mi mente no carbura. La gente es tan extraña. Pide algo que está en sus manos dar.

Por cierto... ¿Jugamos?

Giremos tomados de la mano. Demos vuelta al círculo cantando, que no les de pena, nadie los mira.
A pares y nones vamos a jugar el que quede solo ese perderá ¡hey! 

Uno abraza al que quiera. Al cercano, al lejano, al gordo, al flaco. A la greñuda, al calvo, al ciego. Al que sea. La gente abraza. ¿captas?

En redondeles cantemos la felicidad de volver a ser niños. Yo lo práctico mucho con La Bella aunque juguemos las dos solitas siempre terminamos con  nuestros corazones juntitos muy juntitos.

¿A quién vas a abrazar entonces?  ¿Al que caiga o al que quieres? 

Si se me permite hoy elijo abrazar a Emilio.

¿A quién vas a abrazar? Si,¡tú! no te hagas que la virgen te habla.
 Al que no quiera que lo estrujen, ¡al ataque! todos a abrazarlo pa´ que vea lo que se siente ser apapachado nomás porque si.

En un juego imaginario -nomás por hoy- ¿a quién vas a abrazar? (no se vale que me abracen, no tendría chiste):













sábado, 19 de diciembre de 2015

Dicen que el tiempo...

Otro año más vieja. Otro año menos joven. Me estoy acercando a la ancianidad. Obsequio de tiempo. No para vivir más ¿a quién le importa eso? Secretamente pido que me regalen un poco del que les sobre.

Ya no voy a terapia.
He dejado de salir a disfrutar y padecer como muchos las calles de esta ciudad que odian pero son incapaces de dejar. ¿A quién le gusta estar en un lugar que no es agradable? Masoquismo a precio de salario mínimo y comodidad.

Dejé de salir a desayunar cada semana.
Monotonías hermosas. Enojarme porque el restaurantero gordito no tiene lo que ofrece. Intentan callar mis imprudencias con miradas reprobatorias. ¿Qué? a mi no me gusta el jugo de manzana que ni es jugo ni tiene manzana. Me hacen sentir enferma. No es mi problema, es de ellos.

Obsequio de tiempo.
Preámbulo de obsoleta. El querido Iván me regaló unos minutos. ¡Máxima ilusión! me recuerdas pirata.

Barry el primero.
Nuestro amor es mágico si no fuera así habría desaparecido antes de saber de la existencia de quien sin nombre ni cara tengo el placer de odiar.

Digo a Marco: gracias por el tiempo.
Por pensar más de lo debido en la persona que por varios meses -¿o fueron años? sepa la bola- tomó el lugar de madre. Lugar al que sólo Emilia tiene derecho. Fue un placer haber estado ahí.

Laura, Bruno, Barry, Cridty, La Bella, El Chiken por la radio, ¡Dios y yo con estos pelos!
Todos los que me regalaron unos minutos tienen mi agradecimiento eterno.
Como es costumbre y para no olvidar quién era, sigo pidiendo un poco más de lo que me pueden dar. Tiempo. No para morir ¿a alguien le importa dejar de existir verdaderamente? sino estar conmigo. No pido que me escriban sonetos de amor. Versos recién callados. No quiero que se queden conmigo a ver la tele o ver la manera en que mis pestañas poco a poco se van abrazando. Ni que fuera princesa o novia de días. Los príncipes también duermen, amanecen con los pelos parados y van al baño.

¿Qué tal si Tú y Yo no existimos? Somos un sueño recurrente nomás.
El tiempo -como escribí a Polo, es tan valioso que muy pocas personas pueden y quieren obsequiarlo. Cierto es que dicen-a mi no me lo crean- que para recibir hay que dar. Bueno yo no regalo tiempo porque el mío converge con otros errores además de ser triste y sombrío. El tiempo mío es de silencios vacíos. A nadie gustan. Ni siquiera puedo sostener por instantes la mirada.

Que nadie se sienta ofendido. Mi clamor, plañidera de insensateces es querer pasar el rato fuera de aquí. El paraíso a veces me ahoga. Considerando lo complicado que resulta salir conmigo acepto lo que hay. Cuatro paredes adornadas de Navidad. No reprocho nada -hago constancia de ello- pero como vieja que soy requiero saber que existo a pesar de estar enferma. No estoy abandonada, no no no no, ¡Jamás! con mi mal carácter y groserías hay quien no me ha dejado. Y no es por obligación. Digo tu nombre corriendito. Un poco aunque no sepa a que lugar voy. El hospital también tiene cosas bonitas como... como... como no puedo recordar ahora pero debe tener algo para no odiarlo.

Aunque no quiera jugar ni caminar mucho.
Un poco de tiempo sin pedir nada. Antojo de niña. Sin quejarme. Imposible mi amor. Sin fulminar a la gente babosa. Tolérate querida. Tiempo para no morir como la abuela. Sentada en un sillón rodeada de gente sin que nadie repare en ella. Cada día soy menos yo y más abuela. No toques mi pelo. ¡Hey tampoco mi cara!

Construí mi soledad. Si si bla bla bla.
Para no sentirme mal me digo a mí misma: nada, no me digo nada, hace mucho también me abandoné. No soy egoísta soy viejita viejita vieja.
Hablando de abandono, el cuadro desaparecido del ego registra varios seguidores menos. Oigan a nadie se le van quince -ya van veinticinco- de golpe y porrazo. Ojos que te vieron ir... Desbandada pueril. ¿Me preocupo o me ocupo? Mejor sigo la vida. ¿Qué se le va a hacer? El mundo contigo y sin mí sigue girando.

Mira lo que importa es que no te vayas y lo demás será siempre lo de menos.

¿Sigues ahí? Contesta. Que contestes te digo. El día que te vayas moriré. Está bien, no lo haré pero se siente padre que alguien piense que puede morir sin ti ¿no?















jueves, 17 de diciembre de 2015

Digamos un poco al olvido

Si no escribo lo que veo posiblemente olvide pronto. Hablo de amarrrarme los zapatos. Virtudes pequeñas y hombres ciegos. Somníferos de amor. Vidas paralelas ¿En dónde está el cruce de él con ella? 
Hablo de los ojos de mi madre en los de la tía menor. Visto así era ella metida en su mirada. Ojos tan suyos que de mi se apiadan. La virgen del Jolgorio. Abrazo tierno, tímido, de amor materno dado por los brazos de una tía lejana como rayos de luna. Flores secas. Yo las quiero. ¿Por qué? Son de ni madre. Asfixia mayor. Pido si algo quiero no terminar encerrada. Polvo libre, alas al viento. Mariposa fugaz. 
¿Te dio tiempo de pensarme? 
Catacumbas de desconsuelo. 
El padre dijo: ¿Desde cuándo son hermanas? Pus desde que nacimos. Sacerdote mamón. Y yo con mi dolor de pecho. Ay. La iglesita es muy mona. La misa de la una es para ricos. Remilgos popoff. Narices levantadas. Aromas finos. Con razón los apellidos sonaban tan rimbombantes. A todos los conocí. Y yo. Ya sabes uno llega a codearse hasta con quien no debe. 
El amor es asunto complejo para algunos. 
No encuentro la salida. Ayúdame má. 
De ti no me acuerdo. Me gusta que estés con nosotras. Te queremos un tanto demasiadísimo Barry de mi corazón ignoto. 
No es que no pueda, es que no quiero. La foto lo dice. Tú y yo sin nada que nos una. Ni un listón de luto. ¿Ves esa casa? Era de la Gándara. ¡Maldición me acabo de acordar! Le mataron al hijo. Esa otra casa antes era pulquería. ¡Mira, la casa de Ávila Villegas! Creo que por ahí vivía Coria Bedolla. ¿Quién diablos se apellida Bedolla? Casas viejas con olores nuevos. También me sé la historia de Manuel. Muy guapo él montado en su caballo bayo. La vida se le echó a perder porque le salió un tiro errado. ¡Bang! Vivía en el que llamo El callejón del beso. El que pasábamos corriendo aunque no quisiéramos. La fuerza de gravedad nos llevaba para adelante. ¿Te acuerdas? n'ombre qué te vas a acordar si estabas bien chiquita. 
El cementerio tiene una vista pre-cio-sa. Lástima que los muertos no puedan disfrutarla. 
Una lista interminable de regalos de cumpleaños convertida en deseos de salud.  Templete para una mente viva. 
Ya quiero que sean vacaciones. Te dejo solo, a veces viene bien darle descanso a nuestro amor inmortal. Renacer en trozos. Aún no me acostumbro a la lejanía del cuerpo que amé. ¿Qué de la mente dices? Ahí si no me meto. Dos años y sigo aquí. ¿Alguien murió de amor? Yo tampoco. Creo que el amor como tal no existe. Algo con tanta definición no puede ser real. 
Ya estás viejita. Y tú estás pendejo. 
Las reuniones familiares cuentan de las distancias que no se rompen. Quiero ser Silvio. Sin miedo a la libertad. Apenas le abro la puerta sale disparado a la salida. 
Hoy quisiera mi niña no estuvieras sufriendo pero no puedo hacer nada más que ofrecerte mi alma. Gajes del oficio. 
Algún día dejaré de cantar sus sentires pero es que invariablemente sus letras que dicen no serlo me llevan a él. 
Otro día más que bien puede no ser otro día menos. 
Haiga sido como haiga sido. ¿Y si deveras creen que hablo así? Pus ya ni modo. Acaba, acaba y acábalo. Tan tan.










domingo, 13 de diciembre de 2015

Es así

Como cuando un niño hace mil cosas para llamar la atención. Los demás están prestos a escucharlo. No sabe qué decir. En un momento dado logra ser visto y termina haciendo una tontería. Se esconde tras las faldas de su mamá. Yo no tengo mamá. No hay donde esconderse. Esa orfandad ineludible. Un regazo materno. Protector de todo contra todo. Estás aquí. Lo sé, lo intuyo. Así mismo es. Los Apellidos Ilustres hablan entre sí, gesticulan, ríen, evocan recuerdos comunes mientras yo sin saber cómo integrarme, desayuno en silencio bajo la mirada interrogante de Barry. Él nunca ha comprendido por qué no hablo ante ellos. Piensa que es mi complejo de inferioridad el que me impide decir algo. Yo digo que es porque no sé nada. Lo que sea es así. Siempre. Y cuando quiero, comienzo a balbucear deseando no me escuchen. Entonces me miran, prestan atención y ocurre lo que será. Mi inseguridad a tope. Natalia es más deshinibida que yo. Habla ante adultos y no le da pena. Y sin embargo yo muero poquito. Que no te de pena abuela, habla anda. La lengua se hace de trapo. Tono inaudible. Todos me miran. Esperan que termine la plática. Intentan comprender lo que digo. Y yo, en súbito desazón les explico que "Sólo quiero tomarme una foto con ustedes". Ríen sin burla. Comentan entre sí, se acomodan para la foto. Deslizan su mano sobre mis hombros. Se siente raro. interactúan. Eligen la mejor pose. Yo congelo la sonrisa, esa que uso para las fotos. ¡Rápido, rápido que ya me cansé! Click Me siento parte de ellos. La hermana débil. La pretenciosa que escribe sus sentires porque no los sabe expresar en vida real. Hablo poco. Me cohíben sus miradas sobre mi. Quizá por eso me siento como pez en el agua en el blog. No tengo que mirar a nadie a los ojos.
Ahora que nadie me ve voy a soñar que existo. Elucubraciones de un alma silenciosa. Cascabel sin gato. Flor sin dejo de presencias. Mamá ven por mi.

martes, 8 de diciembre de 2015

Lombriz de Tierra (La verdadera historia de Apolinar III)


Planta-Casa de Apolinar III


Señoras y señores, porque usted lo pidió he aquí el cuento perdido escrito para La Bella.
(No hay borracho que coma lumbre o sease tonta no soy, ¡No lo borré! ¿viva yo?)

(Cuento para Natalia)

Apolinar y sus hermanos llegaron escondidos en un costal de yute, entre las raíces del alcatraz rojo. Eran once lombricillas, enredadas entre si. Estuvieron a punto de ser separadas de su madre una tarde de lluvia de agosto en que el calor agobiante hacía dormitar a todos. Exhausta después de haber parido once hijos entre los que venía  Apolinar III -lombriz escuálida y sin color- la madre dormitaba arrullada por el ulular del viento que se colaba por el tragaluz, no se daba cuenta que sus hijos eran  llevados hacinados dentro de la composta a la que pertenecerían por un buen tiempo.

Un movimiento en la tierra de la maceta en la que vivían hizo que la madre-lombriz se pusiera alerta. Al sentir que sus hijos no estaban cerca corrió a buscarlos. Una pala los estaba separando. Sin medir el peligro, con un serpenteo rápido se metió en la tierra que sería recogida, esperando que a ella también se la llevaran.

-¡Ayúdame Dios de las Lombrices!- rezaba desesperada. Quedito quedito las lágrimas rodaban sin dirección.

Cuando estuvo dentro del costal, buscó a cada uno de sus hijos quienes asustados se enredaron al cuerpo protector esperando la llegada a su nuevo hogar. Estaban todos juntos, no tenían miedo. Mamá estaba con ellos.

Apolinar, llamado así gracias a la manía que tiene la madre de poner el nombre del abuelo cada que tiene hijos. De memoria distraída olvidó en qué generación de Apolinares iban y se le ocurrió que en la tercera. Su número favorito era el tres entonces pensó que ser el tercero era buen augurio.
Había visto en un sueño de vapores cansinos que los arcanos le tenían preparado un futuro promisorio a su hijo-lombriz. Destacaría de entre todos como el único y más grande. ¿Más grande qué? No lo sabía pero la tenue luz que despedía el cuerpo de Apolinar III en las noches no dejaba dudas que era especial.

Al paso del tiempo los hijos-lombrices iban creciendo acumulando veranos. No muchos porque no viven tanto pero si los suficientes para ser felices sin perder el tiempo en cosas vanas, como esas de casarse, tener el mejor auto, la mejor casa. Para ellos eso no figuraba en su vida.

Por las mañanas se desperezan estirando el cuerpo. Luego comienzan a buscar comida sin alejarse de la madre quien acostada en el musgo teje una bufanda para el que sea de sus hijos. Al que caiga que alguno la ha de necesitar cuando arrecía el frío.

Apolinar III se destaca de entre sus hermanos porque tiene un sueño. Las lombrices no se caracterizan por soñar pero él es diferente.
Apolinar sueña,  quiere ser guitarrista.

Cuando se lo dijo a su madre esta no se asustó sino que le animó a realizar su sueño, eso sí, tendría que buscar la manera porque en toda su vida y hasta donde sabía, en la familia nunca había habido guitarristas por la simple razón de que las lombrices no tienen manos.

Para Apolinar ser guitarrista no era problema- Lo realmente importante es que siendo lombriz no tendría muchas probabilidades de cumplir el deseo acunado desde sus años infantiles.

No se amilanó, su madre le enseñó en las tardes en que hacían túneles para resguardarse del sol que no había imposibles. Eso se le quedó muy grabado en la cabeza de lombriz rosa.
-En esta vida todo se puede querido- absolutamente todo. Cosa es que lo quieras.

Poniendo manos a la obra o mejor dicho, cola a la obra porque todo lo hacía con la cola se dedicó la mayor parte del tiempo a buscar los artilugios necesarios para cumplir su sueño.  

En los recorridos que hacía junto a su madre para buscar alimento, había chocado varias veces con una cáscara de nuez.
Fue la primera pieza que recolectó par construir la guitarra. Escondida bajo una hoja de gerbera, quedó la cáscara en espera de ser utilizada. También encontró una cáscara de pistache pero era demasiado pequeña, no le serviría.

Después juntó varios pelos de Calixto -el gato siamés habitante de la casa-  con lo que  se dispuso a hacer las cuerdas escogiendo muy bien que fueran de diferente grosor.
Faltaba con que tensaría dichas cuerdas pero ya le diría a Lázaro -un tlaconete bilioso- que le diera una poca de su baba para que mezclado con una poca de tierra sirviera de pegamento. La baba de caracol es tan pegajosa como novia primeriza.

Para el mástil usó el tallo de una rosa, enterrada por la dueña de casa para ver si por arte de magia salía la docena de rosas que le dio un enamorado un mal día en que se le ocurrió decirle que no la amaba.

Así pues pasados los días y con mucha paciencia, Apolinar III vio terminada su obra. Con la guitarra presta se dispuso a sacar los primeros acordes.

-Pero, ¿cómo tocar la guitarra sin manos?- pensó.

Sin encontrar la solución pasaba las noches y los días echado en la cama de malvón. Con la guitarra muda al lado. Serenata inconclusa entre sus cuerdas. Doremis dormidos.

Inqui movía la cola para un lado, movía la cola para el otro. Para un lado, para el otro. Para un lado... ¡Tran!

-¿Eh?- pensó Apolinar al escuchar el sonido que su cola había producido al aplastar una cuerda.

Moviendo de nuevo la cola produjo otro sonido: ¡Tran!

-¡Madre-lombriz mía!- dijo sorprendido.

Con temor pasó la cola suavecito aplastando una cuerda produciendo un sonido grave, ¡Tran! Luego la pasó por otra cuerda y así poco a poco fue haciendo cantar la guitarra.
La madre que se encontraba descansando a la sombra de un tallo chueco salió disparada seguida por sus hijos-lombrices al escuchar los sonidos extraños.

Cuando llegaron se paralizaron al ver la imagen que Apolinar III les ofrecía:

Enroscado en una vara para no caerse, con la guitarra recargada en medio cuerpo, rasgaba con la cola las cuerdas produciendo sonidos jamás escuchados por ninguna generación de lombrices.

Los sonidos los trasladaron a lugares lejanos, haciéndolos vibrar. Apolinar III estaba poseído por una extraña fascinación. No era él el que tocaba, eran sonidos emitidos por los propios dioses. Todos tenían un nudo en la garganta. Apolinar transmitía la sensibilidad guardada desde que nació.

Al dejar la guitarra escapar el último sonido su familia lloraba mientras los hermanos más chicos no sabían si reír o ponerse a aplaudir.
Lo que hicieron fue chocar sus colitas entre ellos a manera de ovación.

En un rincón sin que nadie se diera cuenta, la madre daba gracias por tener un hijo que no se amilanara ante ningún obstáculo.

Sonriente y sudoroso, dejando el instrumento a un lado, se desenroscó yendo hacia su madre que lo esperaba para abrazarlo o mejor dicho enroscarse en un abrazo filial.

Y así fue como el hijo-lombriz comenzó una exitosa carrera que sería escrita con letras de oro en los anales de la historia de las lombrices de tierra.

Apolinar III, lombriz de tierra, guitarrista nato, ejemplo de lucha para todos aquellos que se quejan de no poder hacer nada cuando los límites los ponen ellos mismos.



(Publicado en este santo blog, con algunos arreglos el 17 de enero del 2013).



















domingo, 6 de diciembre de 2015

¡Me lleva la que me trajo!

Ahora que tengo oportunidad de mostrarle al mundo -bueno bueno nomás a los compañeritos de La Bella- de todo lo buena e ingeniosa que es su abuela-sarcasmo pa´ los que no sepan que así hablo- no encuentro el cuento de la lombriz de tierra que quería ser una gran guitarrista.

¡Me hierve el buche de pura piedra! 















Musa de un Toro Salvaje

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Hey si de cuando en cuando nos preguntamos qué demonios hacemos aquí.