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sábado, 31 de enero de 2015

Maripositas

Mi regreso es inminente a la fila de los desquiciados. A los sin rumbo como yo. Los que buscan quién sabe qué en quién sabe dónde. En esos meros estoy. Desadaptados sociales en busca de su sitio en este mundo. Se oye feo pero nadie dice que la verdad sea bonita.


El otro día vi a una señora ciega caminando en la calle. Con su bastón blanco tanteaba el terreno. Iba sola y su alma. En un punto dado chocó contra la pared pero no fue un choque fuerte. Digamos que tropezó con el muro de una casa. No pude evitarlo porque estaba del otro lado. Ella muy quitada de la pena se recompuso y siguió su camino. Lalaralará.

Me dije a mi misma: Mi misma, ¿por qué tú no puedes hacer igual? digo, salir a la calle sola.
Y me contesté: Ah pus muy fácil, porque a ti se te paralizan los pies corriendo el riesgo de caerte y lastimarte, además de que te da terror salir a la calle sin un brazo en qué apoyarte.
Ni modo reina, toca cuidarse por sus propios medios.
-No pos si- me dije, tienes razón.

La cosa es que con mi regreso a terapia surge de nuevo el problema de que mi cuidador a veces no puede llevarme a con Laura que es la que se encarga de mí en las citas con la señorita médica.

´tonces tengo que resolver el problema. 

Como no hay manera tendré que irme sola. Según mi frase de batalla: el que no arriesga no gana. Me voy a arriesgar. Haré medio camino sola y mi alma. La otra mitad será con Laura.
Siento mariposas en el estómago por no decir tengo los huevos en la garganta-hay varias señoras decentes que me leen y que son unas damas y las malas palabras lastiman sus ojos- como sea. Tengo los huevos en la garganta, aí ustedes habrán de perdonar o no. Es la forma que tengo de decir lo que siento sin tapujos.

¿Cómo saldré de esta? npi. No soy adivina para saberlo pero de una cosa estoy segura. Laura me va a poner una regañiza marca diablo cuando me vea llegar sola pero ni modo, tocará aguantar estoica la tormenta que se avecina o a lo mejor no. Igual le dará gusto saber que pude hacer algo yo solititititita.

De cualquier manera ya no podrá hacer nada. Y si me regaña me enojo y como no le gusta que me enoje  porque ya sabe como me las gasto, pos ya está, asunto concluido. Yo soy la mamá y se acabó.

¿Saben rezar? pues eso, recen por mi. ¿Qué tanto es tantito?

Awww...















jueves, 29 de enero de 2015

Realidad insuperable

Cuatro días sin antidepresivos y tres noches sin cápsulas para dormir hicieron ver que no estoy lista para dejarlos. ¡Tres días y yo muero sin ellos!
Ando irritable. Exploto por cualquier cosa. Por más que lo quiera no hay manera. Me declaro incompetente para soportar la realidad sin sentirme alterada. Cualquier precaución es poca. Como en película trillada, el enemigo acecha.

La inseguridad de la cual no me entero por vivir casi enclaustrada me dejó con los nervios de punta.

Hoy en la escuelita hubo ceremonia. Todos vestidos de blanco como palomas. Niños, profesores y padres de familia unidos para tomar medidas y contar experiencias sobre lo que está ocurriendo, aquí, en el estado, en el país entero. 

Enterarnos el porqué de la renuncia de una miss a la que no vemos desde hace una semana. Su hija estaba amenazada de secuestro. La miss renunció para irse a cuidar a su retoño. La miss, la que enseñaba a los niños a bailar y disfrutar la música se ha ido de la escuela. Tiene miedo ¿y quién no?

Hubo testimonios de gente cercana sobre intentos de robo a vecinos y el secuestro de una niña de doce años. Las casas están siendo abiertas para robar a plena luz del día, con personas dentro. El vecino asesino con su cuerpo grande y rollizo amedrentando a un joven y yo pasando por ahí. Muero de miedo cuando veo a dos hombres pelear. Estoy anonadada. Los delincuentes no tienen miedo ni siquiera a morir.

Y yo creyendo vivir en un paraíso si no en calma por lo menos un poco más seguro. Hace tiempo no se oía de nada malo que ocurriera en este pequeñito lado del mundo. Cruel realidad, no hay nada de eso.

Me pongo de nervios. No he dormido. Dejé los antidepresivos porque se me dio la gana. De vez en cuando me gusta sentirme dios. 

Llego a mi casa, explico a Barry lo que está pasando. Natalia enferma llora un poco de atención. Los perros ladran desaforados.

Barry tiene que irse. La niña llorando pide acurrucarse en mis brazos. Los perros se van a reposar la comida. Me quedo analizando lo que está ocurriendo. Mi poderosa mente no funciona sin pastillas de color verde.
No tengo ganas de llorar ni de patear o golpear a nadie. La realidad me supera. Estoy enojada.

En la escuelita, La Bella fue la encargada de hablar sobre la no-violencia y la convivencia armónica. Ella como promotora de la paz conmina a todos a no pelear, no gritar, no ofender. Debemos grabarlo en nuestra cabeza de chorlito para aplicarlo en casa, en la calle, do quiera que vayamos. Todo para tratar de contener la violencia que se ha empeñado en atrapar a los jóvenes y niños. 

Los niños son el presente no el futuro.

Luego en el salón nos pasan a los padres de familia un video en el que explican lo que hemos dejado de hacer. Muchas de las causas del porqué el mundo está hundiéndose en la violencia, drogas y corrupción. 
Son imágenes crudas donde se ve gente peleando entre sí. Otros en vez de separar a tipos o mujeres incluso niños, se dedican a grabar. 

Dos cortos casi me arrancan lágrimas de tristeza e impotencia. En uno, una madre golpea a su hijo con una vara. El niño llora. La mujer le golpea la cabeza, las piernas, las manos. Todo su cuerpecito es azotado con furia. El niño cae al suelo, ahí la madre lo patea. El chiquito ya no tiene fuerzas para llorar. La mujer le grita y se va. Inmediatamente regresa para volverlo a patear. El niño ya de pie, no llora. Alguien desde arriba está grabando. Nadie acudió al llanto que no sé describir, del bebé. No tenía más de tres años. ¿Qué clase de madre puede golpear así a su propio hijo? 

El otro es sobre dos mujeres jóvenes peleando. Una tira al pavimento a la otra. Esta se golpea la cabeza al caer mientras la primera toma la cabeza de su rival y la estrella contra el suelo. A la mujer tirada le da un ataque supongo debido al golpe. La otra sigue agrediéndola. Unos gritos le avisan que ya la deje. Se aleja no sin antes volver a patearla en el suelo. Alguien seguía grabando. Nadie las separó. La gente prefiere grabar que ayudar, es más divertido y más seguro

Seguimos mirando sin poder apartar los ojos del aparato que nos muestra en crudo la vida real. Tanta violencia existe, nos la mostraron hoy y yo no resistí. Me alteré. No reaccioné como debía, fue mucho para mi.
La realidad me sobrepasa. No estoy preparada para afrontarla. Soy cobarde, prefiero seguir con mis pastillas. Es demasiado. Dirán y no me importa, que nadie está preparado para nada pero es mi manera de describir algo que no se puede hacer.

En la escuelita nos recomendaron regresar rápido a nuestra casa. No dejar a los niños solos. Irnos en grupo. Cerrar todo muy bien. Cuidarnos unos a otros.

Pensar que este mundo es el que les estamos dejando a los niños y ellos lo están viviendo sin antidepresivos ni pastillas para dormir.

Hoy ni siquiera tengo ganas de decir click, ni de hablar ni de nada.












lunes, 26 de enero de 2015

Can





-Soy más inteligente que tú, abuela- dijo La Bella cuando una mañana en sus juegos acostumbrados -para mi las mañanas de escuela son vivir al filo del peligro porque al cuarto para la hora la niña decide que no quiere ir- se esconde bajo el edredón resguardada por su fiel guardián en el que se ha convertido Benito Tiki.

Con el único colmillo que le queda, echado a un lado del bulto movedizo y con risita traviesa, el perro gruñe advirtiéndome con mirada maquiavélica: ¡No te acerques a mi amita o lo pagarás caro! ¡Atrás hija de tu chi!

Los pelos se me paran más que de costumbre. Peinados para ningún lado se encuentran erizados ante lo que se me viene encima. Caos absoluto. Comienzo a temblar -jaja- mi mente se encuentra a la entrada de la histeria. El fin del mundo se avecina.

Como soy muy considerada con la mascotita más antigua de la casa, le grito a mi escudero para que venga a socorrerme. No quiero emplear la fuerza de mis escuálidos brazos. Alguien podría salir lastimado. Alguien que no es el perrito, obvio. Mujer precavida vale por dos. Le dejo el trabajo a él que todo lo puede.

-¡Barry! ¡Auxilio! ¡Tiki no me deja vestir a Nati, me quiere morder!

Barry sube corriendo las escaleras. Lo hace de prisa porque en las mañanas dado que soy un robot tipi tipi tom tipi tom, no me puedo mover con la agilidad característica del mediodía. No puede aunque quiera hacerse de la vista gorda como suele ocurrir.
Sube presto con la velocidad de tortuga en playa, en defensa de su pobrecita dama quien se encuentra en manos de una pequeñita y su enorme perro guardián de no más de treinta centímetros de altura. ¡Muero!

Ya arriba y viendo la escalofriante escena -un bulto resguardado por un perrito y una señora despeinada sumida en la paranoia total- Barry toma el control.

-Emmm... Tiki... no muerdas... shu shu vete... atrás. Dicho todo esto con un trapo en la mano -si el perro ha de morder algo que sea al trapo- ¡atrás perro del mal! ¡Vamos! ¡Vete de aquí pinche perro!

Benito ni se inmuta. Con esos ojos tan suyos nos mira como preguntando quién será el valiente que lo enfrente.
-Paso.

-Yo tambor dijo un corneta.

Entonces saliendo de su escondite, Natalia dice:

-Soy más inteligente que tú, abuela

Explica con un mohín gracioso la sencilla y práctica idea que se le ha venido a la cabeza: -Le pego si me quiere morder.

-A los perros no se les pega, muñeca- digo sorprendida. Aunque la idea no sea la correcta, la niña puso de inmediato a trabajar el cerebro, cosa que Barry y yo de cotidiano no hacemos. Temerle a un perrito habla muy bien de lo dicho. Nuestro cerebro está acostumbrado a permanecer en estado catatónico todas las mañanas. Tarda unas cuantas horas en recobrar la lucidez. Lo malo que cuando lo hace, es hora de dormir de nuevo.

Mientras mi escudero le explicaba que hay que respetar a los seres humanos y a los animales -no es lo mismo pero es igual- yo tiro de la mano suavemente a La Bella quien atenta escucha al abuelo dejándose vestir sin ningún reparo.
Tiki viendo que el peligro ha pasado, duerme relajado junto a la pijama de la niña.

Todo es felicidad. Natalia me abraza. Yo la abrazo. Barry nos mira. Tiki dormido. Babito viendo el aire. Todos felices al cinco para la hora.

-¿Cinco?- ¿dije cinco?

-¡Corran, nos cierran la escuela!

-¡Mi bastón!- 

-Vayan, vayan ya yo los alcanzo.

Ha recomenzado en total normalidad otro día -la vida- en casa.


















sábado, 24 de enero de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Somos rumiantes

Sentadas muy juntitas, ella y yo aprendemos de la vida.
Una vaca pinta. Una becerrita de ojos rasgados .
Las dos nos enseñándonos secretos.
Desmenuzando plácidamente querencias arrojadas al vacío inepto de la melancolía nos sentamos por la tarde a mirar silencios costumbristas. Las campanas de la vieja iglesia llaman a nadie, los fieles se han alejado. Fe perdida mucho tiempo ha.

¿Por quién suspiras abuela?

Trocitos de nubes rojizas sabor a añoranza. Cachos de cielo lastimosamente azul asoman por la ventana. El viento feroz mueve las campanas, metiéndose por las rendijas, con un severo ulular inquieto nos trae aromas de anís y laurel de aquellos domingos relucientes.

Dime qué olvidaste del pueblo al que no volverás.

Encima mío, sentada en mi panza -su lugar favorito para retozar- retoma la niña recuerdos recientes. Me pones nerviosa abuela, dime qué piensas.

-Somos rumiantes mi niña- 

Entendida de lo que es un rumiante mueve el rabito espantando moscas imaginarias. Esa sonrisa coqueta mi niña no se la enseñes a nadie que mía sólo es.

Me veo con ella en el pasto tiradas, mirando el infinito, andando juntas el camino que nos ha de llevar a ser inseparables. Juntitas las dos esperamos a la tarde benévola, tímida de sol.

Ella tritura en sus manitas las sonrisas de sus padres. Mamá y papá... mamá y papá... mamá y papá repite en sus sueños cuando ellos no están. Acunándola en mis brazos le lleno de besos la carita de princesa. Mamá y papá no se encuentran muñeca pero estoy yo. 

-¿Hasta dónde me quieres abuela?- pregunta con su claro vocabulario de niña mayor camuflada en un ser pequeñito.
-Más allá del cielo preciosa, hasta allá lejotes, donde el fin no existe.

Somos rumiantes le digo.

Yo, una vaca pinta de ojos grandes con pestañas de aguacero miro el horizonte esperando al que ha de llegar.

Ella, becerrita tierna muge Te quieros a Matías, su primer amigo con el que sueña y se divierte en la escuelita. Un beso en la nariz cura la gripe de Mati. La niña lo quiere. El niño la quiere. Tierno amor infantil.
Shhh abuela, no le digas a nadie.

Así los días, nos encuentra el que llega. Peleándonos, jugando, besándonos, durmiendo juntas. Rumiando trabalenguas y palabras nuevas. Haciendo deberes a tan temprana edad.
Vaquitas de ternura mirando la vida pasar. Yo echada a un lado de la monotonía. Ella abrazada a mi cuello relata cuentos que nos hacen soñar. Ambas dos a la par de juntas como dice por ahí alguien a quien no conocí.

-¿Qué somos abuela?-

Somos rumiantes de vida mi niña, rumiantes de vida nomás.


















domingo, 18 de enero de 2015

Tan alto como lejos está el cielo

Veamos:

Si yo fuera la señorita médica me daría de alta de inmediato. He dejado atrás las obsesiones por tener todo lo que se me antojara. Sirviera o no. Tazas, ropa, aretes, perfumes (nomás compro para todo el año, esa no es obsesión, es prevención por si llegan las vacas flacas, por cierto hace mucho no se han ido) zapatos. Todo es cíclico. Nadie podría creer con lo mamona -perdón- que soy que ande con estos tenis viejos y gastados que Laura me compró cuando corrí mi primera maratón (nomás he corrido dos y no es cosa de risa). 
Dejé atrás la compulsión a tocar a todos los santos (dios tuvo una poca de culpa de ello). Dejé de contar los escalones cada que subo y bajo, trece para arriba, doce para abajo porque el último me lo salto.   No recojo más las pelusas y basurillas que encuentro a mi paso. No oigo más sus voces. Dejé de escribir todo lo que me pasaba. El más mínimo detalle. Nada tiene ya importancia para ser contado. Moscas, moscos, gusanos, hormigas y demás han vuelto al anonimato (nomás escribí de Rosalba La Güera porque quise pero en la madrugada vi algo en twitter que me hizo jurar no volver a hablar de ellas, ni de ningún bicho horriblemente espantoso).

¿Qué más? ¿qué más? ¡ah si!

Ya no cargo lastres ni recuerdos lastimosos. Hice la paz conmigo misma (nomás lo digo pero ni siquiera creo que necesite hacer las paces con mi otro Yo, ni siquiera sé cómo se hace. ¿Me pediré perdón y mi otro Yo lo otorga? Cosa de locos eso es).

No vivo obsesionada por actualizar ni por dejar rastro por todos lados como lo hacía antes cuando comencé esta locura de relatar mi vida en formato telenovelesco.
Hoy lo hago pero se vale porque es domingo, es muy temprano y no hay nada qué hacer. Bueno, bueno si hay, leer pero la infección en las ventanas del alma -vulgo ojos- me lo impide. ¿Por qué soy enfermiza diosito? dímelo tú que todo lo sabes.

La más importante cosa que denota mi cura mental es que ya no me enojo (nomás no me pidan que les convide de lo que estoy comiendo porque me sulfuro) por nada casi. Y digo casi porque tampoco soy un pan.

Los lastres arrinconados en la memoria -origen de este blog- han sido tirados al mar que todo lo limpia (nomás espero que nunca me los regrese porque entonces si, chuparé faros). El saco de recuerdos y lastimaduras mundanas está limpiecito y no pienso volver a llenarlo. 

Pienso más lo que digo, equivale a decir menos lo que pienso. Una poca de hipocrecia no hace daño. Procuro que barbaridades no salgan de mi boca ni de mis dedos. Prefiero que el silencio hable por mi. 
Como digo cada vez que me da la gana: Si hoy muriera, lo haría feliz.

Ya no lloro por cualquier cosa. No lloré en Año Nuevo cuando no pude tragarme las uvas. Tampoco lloré cuando me dieron un regalo inesperado que a cualquiera le hubiera hecho verter lágrimas de desconsuelo. Hubiese querido que estuviera ahí la señorita médica. La actitud que tomé mereció las risas de la concurrencia. ¿Yo haciendo reír a un público exigente? Para hacer reír a Los Apellidos Ilustres se necesita mucho ingenio. Yo sin tenerlo los hice reír. Aplausos para mi.

Creo que es todo.

Si fuera la señorita medica, me daría de alta inmediatamente pero no lo soy, tengo un poco de locura en remate. ¿Alguien gusta? Necesito todavía en mi guardarropa la camisa de fuerza. 

Reconozco que me falta recorrer un buen tramo del camino a la cordura. Admitir que el pp se adueñó de mi parte izquierda y va por la derecha es muy duro y puede conducirme a volver a caer en la depresión pero admito que los antidepresivos me mantienen a flote y por ahora no se ve que tenga que dejarlos como tampoco las pastillitas para dormir pero como digo a La Bella cuando la comen las prisas: Poco a poco paco peco, poco pico.

Reconocer lo que soy es el camino a la cura -según dicen- pues ya está, ya lo reconocí pero no me toca decir que estoy sana mentalmente porque si no mi alta estará tan lejos como el cielo de mi cabeza.

















lunes, 12 de enero de 2015

De ser poeta y otras absurdidades

Como de aquella vez que quise ser poeta -no poetisa- y en dos poemas se me acabaron los versos y los sentires. Las querencias en modo reducido no daban para más. Sacaba una poca de sangre de mis venas pa´ que vieran que yo sufría de verdad por un amor que me había abandonado con un ramo de nardos en las manos pero el líquido rojo se coagulaba antes de poder escribir nada dejándome la sensación de tener un corazón vacío.

Ya despuesito me leí a unos cuantos poetas de bolsillo, de aquellos que el amor les pegaba duro, emborrachándose en algún tugurio o cantina de arrabal y se dejaban morir a la sombra de un poste en compañía del único perro que se apiadó de ellos. Malbaratando sus poemas por un trago de vino o un pulque según les haya ido la vida morían en las noches y por las mañanas cuando el sol les daba a plomo en la realidad se iban caminando a cualquier lugar donde no dieran pena. Despreciados por las mujeres, los poetas lloraban versos.

Luego me busqué un amor de cartón, de los que aparecen en la noche cantando al oído de una musa despeinada y despistada también pero al caerle unas lágrimas que solté pa´ ver qué se sentía, el cartón se arrugó al igual que su amor y tuve que tirarlo en el primer bote de basura que encontré al lado de tres botellas vacías de cerveza corriente y una cajetilla de cigarros Faros.

Un poco desesperada volví a sacarme sangre, esta vez del merito corazón. Sangre roja, caliente, viva, salida de la cavidad más grande de mi ser vertida en un traste de plástico de donde comenzaba a escribir en hojas de papel bond,  antes de que el dolor pasara. El amor duele.
Con letra redondita imitaba las palabras rancias y supurosas de miel pero me salían más bien agrias. Yo al amor no le lloraba, lo quería matar. Amor verdadero. Mátame pero no me dejes.

Una noche de luna llena le canté un poema sin rima ni consuelo a un tipo que no me hizo caso porque decía que mis versos eran poca cosa, carentes de sentimiento, de amor sublime como el salido de las comisuras de unos labios agónicos y que eran una cosa así más bien de pacotilla. Desde entonces la luna me sirve de puritito foco.

Cesé en el empeño de ser escribidora de versos. Puse un curita a las heridas hechas por el estilete con el que finque los versos fallidos de mi alma atormentada por un amor que no viví y fui a morir un poco entre las sábanas de manta y el edredón de borrega azul. Tomé la cápsula de amor artificial a las diez disponiéndome a dormir con las palmas de las manos bajo mi cara. Angelito eres tú. Guardando mis letras gastadas y repetidas descansé la cabeza de pelo rubio cenizo claro sobre los cojines que adornan la cama y caí en la oscuridad del hoyo negro que antecede al sueño. Sin alas, con el alma contrita los párpados se cerraron.

Dejé en paz el deseo de ser poeta -no poetisa- escondí bajo el colchón, escrita en un trozo de papel de baño la única frase que pude rescatar de un poema que no llegué a escribir: No hay muerte más hermosa que la de morir de amor.














domingo, 11 de enero de 2015

Uvas a destiempo

Me prometí que este año si, ora si lo jurito que este inicio de año voy a comer las uvas como dicen los que saben deben comerse.
Y aí voy esa noche atenta a lo que los demás hacían. 12 uvas esperan por mi a ser tragadas. ¿Habrá quién las mastique en tan poco tiempo? Me declaro incompetente para tal menester.

Observo la cara expectante de mi familia. Con las uvas esperando ser comidas en una mano mientras con la otra espantaban las distracciones cual moscos fastidiosos. Usha no me molesten que ya van a ser las doce, lo dicen en la tele los locutores muy nice y emperifollados.

Comienza la cuenta regresiva. Eufóricos empiezan a contar los comensales.

Diez
Nueve
Ocho
Siete...

-¡Noooo, no te las comas aún!- grita alguien
-¡Maldición, desperdicié cuatro deseos.

Estoy pensando cuál será mi primer deseo. ¿Quién se encarga de cumplirlos? ¿Qué pido diosito, qué pido? 
¡Ya sé! pediré salud. 

No, por cruel que suene mientras tenga el pp nunca seré sana por más que me digan mentiras piadosas de que me veo muy bien y todas esas cosas que ayudan a levantar el ánimo. El pp será mi eterno acompañante hasta que cuelgue los tenis, entregue el equipo o me muera. Escojan la versión que más les guste. Será la sombra fastidiosa atada a mis pies.

¿Dinero tal vez? 

Si no trabajo no conozco otra manera de obtenerlo. La psicóloga dijo que puedo trabajar en mi casa en una editorial o algo en el que no tenga que salir de casa porque estoy enferma del cuerpo pero no de la cabeza. (A estas alturas no puedo creer que no sepa que estoy un poquito desquiciada). A decir verdad en mi larga vida sólo trabajé en el principio de los tiempos pero en mi cabeza siempre estuvo la idea de estar en mi casa. Tener mi hogar, mis hijitos, un esposo amoroso con el que moriría tomados de la mano. Entonces trabajar no ha sido mi prioridad ni siquiera una idea remota. No voy a mentir. Como dice la canción: que trabaje sólo el güey porque el trabajo lo hizo dios como castigo. Y no me miren feo no soy un bicho raro, soy tan sólo un modelo antiguo.

Cuando me casé firme un contrato imaginario en el que Barry solventaría todos mis gastos y necesidades y tendría en mi una esposa fiel y dedicada. Enojona pero no soy perfecta. Para algunas mujeres sobretodo las de nueva generación esto les puede parecer patético, para mi no. Es la vida que escogí y nunca me he arrepentido de ello. A veces nomás cuando me dan ganas de patearle los huevos a Barry que me hace enojar pero luego se me pasa. Ser mantenida no me quita dignidad igual casi no tengo. Por cierto hablando de dignidad ayer perdí una poca. Qué bueno que nadie vio cómo se fue entre el jabón y el desmanchante por el caño del lavadero.  ¡Alabado sea el señor!

Seis, cinco, cuatro...

Si pido amor me pregunto qué clase de amor si todo lo tengo. El de Barry, de mi familia, mis hijos, La Bella, de mis amigos, el de mis perros y de mi gato. ¿Qué amor puedo pedir? ni modo que de uno extra, no sería bien visto tener un amante por ahí con el cual dar rienda suelta a lo que no se hace con la pareja. Ni pensarlo, qué diría la gente que me conoce, la que me cree intachable, sin una mancha en mi expediente amoroso. Tal vez si fuera hombre pero no, soy mujer y ya está. Me queda la imaginación aunque a decir verdad nunca he tocado los labios de alguien en mis sueños ni siquiera los de Enrique. Soy fiel... creo o mejor no me lo cuestiono no vaya a ser el diablo, me tiente y tenga que tragarme mis palabras.

Y así transcurre el tiempo de comer uvas.

Tres, dos, uno...

¡Feliz Año Nuevo! todos se abrazan, se besan y prometen que ora si deveritas voy a hacer lo que no y seré una mejor persona y te querré más que nunca, y te seré fiel en lo próspero y en lo adverso, y ora si voy a cambiar y...

Suena la primera campanada. Observo a todos concentrados en pedir deseos que nunca sabré cuales son porque si se dicen no se cumplen y sigo sin poderme tragar la uva número cinco porque ya perdí la cuenta de las campanadas y se me tergiversaron los deseos y mi lengua se enredó con mi mente y ya no sé ni lo que digo. No sé qué pedir. Ya se me olvidó. Mis uvas siguen en el plato. Todos las han terminado. Están contentos. Se abrazan, son felices. ¿Qué otra cosa puedo pedir? Nada porque los deseos que quiero se cumplan están en manos de nadie o de mi que es lo mismo pero no es igual. 
Ser felices está en ellos, tener salud y amor. Son deseos elementales que están ahí pero son ignorados la mayor parte del tiempo. 

Mantendré con buena salud las pocas neuronas que me quedan, seguiré trabajando para cumplir mis caprichos sin tener que esperar a que Barry como hado bienhechor me los cumpla y daré el escaso amor que siento que tengo a los que sin medida me quieren no como deseos ni propósitos manoseados sino porque quiero... mientras me acuerde claro.

¿Y las uvas?
¿A quién le importan?


Oritita vengo, no me tardo, recuerden que conmigo no van las prisas.












viernes, 9 de enero de 2015

Quehaceres cotidianos

  1. ¿Cómo se convence a una niñita que a la escuela no se va con pijama de Hombre Araña ni con zapatos del ídem? 

Le expuse a Natalia mil argumentos que entendió a la perfección pero que no aceptó. ¡Quiero ir a la escuela con mi pijama de Hombre Araña, abuela!
¿Qué hacer Jesuscristo Salvador ante la voluntad férrea de una niña que sepa su madre de dónde sacó lo necia? Nada por hoy.
Lo siento por la miss porque cuando La Bella quiera ir al baño le va a tener que quitar la chamarra, el sweater, la bata, las mallas y la pijama. Con este frío de todos los diablos los niños deben asistir a la escuela cual cebollas, con capas y capas de ropa para evitar que se enfermen.


  1. ¿Cómo le explico a una niñita que no debe lanzar maldiciones? Que ella es una princesa hermosa y el ¡Maldita sea! que su abuela lanza a menudo es por su carácter explosivo pero eso no quiere decir que ella las diga.

Ante la lentitud del iPad para cargar escuché a La Bella decir: ¡Madita sea, el iPad no carga!

Le expliqué sobre esa manera mía de lanzar exabruptos por todo no es buena, no debe copiarla.
-Si abuela, las niñas no decimos eso- me dijo con su sonrisa de niña linda para después decir: ¡Madita sea no hay internet!

  1. ¿Cómo explicarle a una niñita que las pastillas que tomo son porque estoy enferma, porque las necesito y no como fórmula mágica para aliviarme de todo como ella piensa?


Hace unos días La Bella quería una pastilla porque le dolía algo -no supo explicar qué-  y me pedía una de las que el pediatra le recetó cuando recién enfermó de gripe y tos.
Afortunadamente es una niña muy inteligente y lo entendió pero tengo que estar alerta con la farmacia que tengo en mi casa (por aquello del pp).

  1. ¿Cómo hacerle entender a Natalia que los monstruos no existen más que en la imaginación y que por muy oscuro que esté un sitio no hay cabida para ellos?


Monstruos, diablos y demás seres imaginarios fueron creados para infundir miedo o para entretener luego entonces debe saber que nada de eso existe. Debe tener fuera de su mente el miedo, sé porque se lo digo.

Ser la figura principal en su día a día no es bueno para ella por mis defectos que salen a flote a la menor provocación. Tengo que mantener a raya lo malo para que Bella no sea una copia de esta que soy. Debo sacar más a menudo todo lo bueno que tengo -dicen que tengo muchas cosas buenas según- No se puede repetir la historia.
Si algo hay que rescatar de estas vivencias entre Natalia y yo es que nos estamos uniendo más cada día como nunca antes me uní con nadie.

Lo que tengo que hacer es pensar antes de abrir la boca y eso si que es un verdadero problema para alguien que habla antes de pensar.

Click!













viernes, 2 de enero de 2015

¿Ton's qué?

Enero es como tu casa después de una fiesta: todo está revuelto. Por más que seas grinch te has dejado envolver por los foquitos de colores y la alegría -falsa o no- de la gente que te encuentras por todos lados. ¡Ah como hay gente por doquier caray! ¿Están seguros que todos vivimos aquí? ¿No se perdieron o algo? Pero, hablábamos del caos en tu casa. No sabes por dónde empezar a poner orden. Con los pelos parados y los ojos como semáforo en alto miras todo y te dan ganas de tirarte en el sillón más cercano. Duermes esperando que al despertar el hada del orden haya arreglado todo pero no. Después de dormir como si no existiese otra cosa en el mundo, abres los ojos y todo sigue igual. Pides permiso a un pie para levantar el otro. Te frotas los ojos, bostezas como león, te pones en pie estirando los brazos casi tocando el cielo. Las pocas fuerzas que tenías las has ocupado en estirarte y caes de nuevo en el sillón. Es en vano, no hay poder humano que te mueva de ahí. Sucumbes a la modorra imperante. Acomodas las manecitas bajo tu cara colocándote en posición fetal -a estas alturas tu cara ha adquirido un gesto de estupidez alucinante- suspiras y vuelves a dormir deseando -ora si de a deveritas- que la floja hada del orden deje de dormir a tu lado y se ponga a darle duro al trapo y la escoba para que cuando despiertes todo esté limpio. Si no pasa así ruega porque alguien llamado señora del aseo o hermana caritativa acuda a ayudarte. Sino, tienes tiempo todavía para ordenar todo. Es viernes, no han terminado las vacaciones, Natalia no está. Tienes la casa para ti solita con todo y su caos pero... tienes razón, vamos a dormir quien quita y al amanecer llegue un ejército de hermanas comandadas por tu hija y te liberen de hacer todo. Ojalá.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje