martes, 8 de diciembre de 2015

Lombriz de Tierra (La verdadera historia de Apolinar III)


Planta-Casa de Apolinar III


Señoras y señores, porque usted lo pidió he aquí el cuento perdido escrito para La Bella.
(No hay borracho que coma lumbre o sease tonta no soy, ¡No lo borré! ¿viva yo?)

(Cuento para Natalia)

Apolinar y sus hermanos llegaron escondidos en un costal de yute, entre las raíces del alcatraz rojo. Eran once lombricillas, enredadas entre si. Estuvieron a punto de ser separadas de su madre una tarde de lluvia de agosto en que el calor agobiante hacía dormitar a todos. Exhausta después de haber parido once hijos entre los que venía  Apolinar III -lombriz escuálida y sin color- la madre dormitaba arrullada por el ulular del viento que se colaba por el tragaluz, no se daba cuenta que sus hijos eran  llevados hacinados dentro de la composta a la que pertenecerían por un buen tiempo.

Un movimiento en la tierra de la maceta en la que vivían hizo que la madre-lombriz se pusiera alerta. Al sentir que sus hijos no estaban cerca corrió a buscarlos. Una pala los estaba separando. Sin medir el peligro, con un serpenteo rápido se metió en la tierra que sería recogida, esperando que a ella también se la llevaran.

-¡Ayúdame Dios de las Lombrices!- rezaba desesperada. Quedito quedito las lágrimas rodaban sin dirección.

Cuando estuvo dentro del costal, buscó a cada uno de sus hijos quienes asustados se enredaron al cuerpo protector esperando la llegada a su nuevo hogar. Estaban todos juntos, no tenían miedo. Mamá estaba con ellos.

Apolinar, llamado así gracias a la manía que tiene la madre de poner el nombre del abuelo cada que tiene hijos. De memoria distraída olvidó en qué generación de Apolinares iban y se le ocurrió que en la tercera. Su número favorito era el tres entonces pensó que ser el tercero era buen augurio.
Había visto en un sueño de vapores cansinos que los arcanos le tenían preparado un futuro promisorio a su hijo-lombriz. Destacaría de entre todos como el único y más grande. ¿Más grande qué? No lo sabía pero la tenue luz que despedía el cuerpo de Apolinar III en las noches no dejaba dudas que era especial.

Al paso del tiempo los hijos-lombrices iban creciendo acumulando veranos. No muchos porque no viven tanto pero si los suficientes para ser felices sin perder el tiempo en cosas vanas, como esas de casarse, tener el mejor auto, la mejor casa. Para ellos eso no figuraba en su vida.

Por las mañanas se desperezan estirando el cuerpo. Luego comienzan a buscar comida sin alejarse de la madre quien acostada en el musgo teje una bufanda para el que sea de sus hijos. Al que caiga que alguno la ha de necesitar cuando arrecía el frío.

Apolinar III se destaca de entre sus hermanos porque tiene un sueño. Las lombrices no se caracterizan por soñar pero él es diferente.
Apolinar sueña,  quiere ser guitarrista.

Cuando se lo dijo a su madre esta no se asustó sino que le animó a realizar su sueño, eso sí, tendría que buscar la manera porque en toda su vida y hasta donde sabía, en la familia nunca había habido guitarristas por la simple razón de que las lombrices no tienen manos.

Para Apolinar ser guitarrista no era problema- Lo realmente importante es que siendo lombriz no tendría muchas probabilidades de cumplir el deseo acunado desde sus años infantiles.

No se amilanó, su madre le enseñó en las tardes en que hacían túneles para resguardarse del sol que no había imposibles. Eso se le quedó muy grabado en la cabeza de lombriz rosa.
-En esta vida todo se puede querido- absolutamente todo. Cosa es que lo quieras.

Poniendo manos a la obra o mejor dicho, cola a la obra porque todo lo hacía con la cola se dedicó la mayor parte del tiempo a buscar los artilugios necesarios para cumplir su sueño.  

En los recorridos que hacía junto a su madre para buscar alimento, había chocado varias veces con una cáscara de nuez.
Fue la primera pieza que recolectó par construir la guitarra. Escondida bajo una hoja de gerbera, quedó la cáscara en espera de ser utilizada. También encontró una cáscara de pistache pero era demasiado pequeña, no le serviría.

Después juntó varios pelos de Calixto -el gato siamés habitante de la casa-  con lo que  se dispuso a hacer las cuerdas escogiendo muy bien que fueran de diferente grosor.
Faltaba con que tensaría dichas cuerdas pero ya le diría a Lázaro -un tlaconete bilioso- que le diera una poca de su baba para que mezclado con una poca de tierra sirviera de pegamento. La baba de caracol es tan pegajosa como novia primeriza.

Para el mástil usó el tallo de una rosa, enterrada por la dueña de casa para ver si por arte de magia salía la docena de rosas que le dio un enamorado un mal día en que se le ocurrió decirle que no la amaba.

Así pues pasados los días y con mucha paciencia, Apolinar III vio terminada su obra. Con la guitarra presta se dispuso a sacar los primeros acordes.

-Pero, ¿cómo tocar la guitarra sin manos?- pensó.

Sin encontrar la solución pasaba las noches y los días echado en la cama de malvón. Con la guitarra muda al lado. Serenata inconclusa entre sus cuerdas. Doremis dormidos.

Inqui movía la cola para un lado, movía la cola para el otro. Para un lado, para el otro. Para un lado... ¡Tran!

-¿Eh?- pensó Apolinar al escuchar el sonido que su cola había producido al aplastar una cuerda.

Moviendo de nuevo la cola produjo otro sonido: ¡Tran!

-¡Madre-lombriz mía!- dijo sorprendido.

Con temor pasó la cola suavecito aplastando una cuerda produciendo un sonido grave, ¡Tran! Luego la pasó por otra cuerda y así poco a poco fue haciendo cantar la guitarra.
La madre que se encontraba descansando a la sombra de un tallo chueco salió disparada seguida por sus hijos-lombrices al escuchar los sonidos extraños.

Cuando llegaron se paralizaron al ver la imagen que Apolinar III les ofrecía:

Enroscado en una vara para no caerse, con la guitarra recargada en medio cuerpo, rasgaba con la cola las cuerdas produciendo sonidos jamás escuchados por ninguna generación de lombrices.

Los sonidos los trasladaron a lugares lejanos, haciéndolos vibrar. Apolinar III estaba poseído por una extraña fascinación. No era él el que tocaba, eran sonidos emitidos por los propios dioses. Todos tenían un nudo en la garganta. Apolinar transmitía la sensibilidad guardada desde que nació.

Al dejar la guitarra escapar el último sonido su familia lloraba mientras los hermanos más chicos no sabían si reír o ponerse a aplaudir.
Lo que hicieron fue chocar sus colitas entre ellos a manera de ovación.

En un rincón sin que nadie se diera cuenta, la madre daba gracias por tener un hijo que no se amilanara ante ningún obstáculo.

Sonriente y sudoroso, dejando el instrumento a un lado, se desenroscó yendo hacia su madre que lo esperaba para abrazarlo o mejor dicho enroscarse en un abrazo filial.

Y así fue como el hijo-lombriz comenzó una exitosa carrera que sería escrita con letras de oro en los anales de la historia de las lombrices de tierra.

Apolinar III, lombriz de tierra, guitarrista nato, ejemplo de lucha para todos aquellos que se quejan de no poder hacer nada cuando los límites los ponen ellos mismos.



(Publicado en este santo blog, con algunos arreglos el 17 de enero del 2013).



















27 comentarios:

  1. -Pero, ¿cómo tocar la guitarra sin manos?- pensó.

    Mas que límite era solo un obstáculo a salvar. Que bello cuento Malque, si algún día tengo hijos se los contaré of course.

    Abrazos.

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  2. ¡Genial
    Pos ya sabe usted, aplíquese el cuento...jajaja
    Besos y salud

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  3. Cuando escribes estos textos para niños, me viene a la memoria el poeta mayor delos niños y fabulista colombiano, Rafael Pompo: con qué naturalidad escribes y dejas como Pombo una enseña con tus animales, que van más allá de los Pombo:los vermiformes. UN abrazo. Carlos

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  4. Me encanta! Es una pasada! Qué imaginación! Lo he leído sonriendo todo el tiempo y pensando cómo harías para que tocara la guitarra: buenísimo!
    Un beso grande

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  5. Hola Flor de Maria. Preciosoooooooooooooooooooooooooooo. es un cuento muy bueno que nos da una lección de que tod@s podemos hacer lo que nos propongamos. No hay dificultades ni obstáculos, es querer e insistir y al final dará resultado. Muy bueno y pedagogo el cuento.
    Saludos y abrazossssssssssss

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  6. Dios mío... que exhibición!!!

    No sólo escribes, es como ver una película, como admirar un cuadro... eres una GENIA!!!!!

    Besos.

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  7. Que hermoso cuento!!! es un placer descubrir esta faceta tuya.
    Besos

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  8. Si que eres genial, mi Flor más chula del ejido.
    Un abrazo grande.

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  9. Es muy bonito Malque,se lo contaré a una sobrina mía que le encantan los cuentos.

    Gracias,un beso.
    Me atrapó esa madre.

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  10. En estos momentos ya debes haber recibido la llamada de Pixar para la película "Apolinario, el guitarrista lombriz".

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  11. Qué bonito ejemplo para la Bella. Mira a ver dónde lo dejas, que este cuento no se puede perder.
    Besos.

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  12. la perseverancia nos hace cumplir nuestros sueños más difíciles.

    besos.

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  13. Qué historia tan bonita!!! Toda una enseñanza para Bella. Me alegro de que lo hayas encontrado. Un besote!!!

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  14. Me he quedado embelesado, escuchando el relato con música de guitarra incorporado. Una delicia.
    Besos.

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  15. tienes q darme las gracias x nada, nunca. Todo lo que te cuento es xq quiero, xq me apetece, me sale así y nada más cielo. Recuérdalo para ahora y para siempre. No tengo que dudar de algo que doy por hecho MALQUE y aun en el caso de q no existiera tu aprecio por mi, tampoco importaría porque seguiría existiendo mi admiración x ti MALQUE, eso es lo q me hace volver a aquí. No tienes q preocuparte jamás por cumplir o quedar bien conmigo, no es necesario en absoluto, te libero de esa obligación absurda para toda la vida ;) Sé lo q te cuesta cada letra… ahorra ese esfuerzo para cosas preciosas como esta… o para tu Bella, Barry para lo que sea que de verdad merezca la pena en tu vida y t la haga más llevadera.. yo solo te hago monerías en letras para entretenerte, nada más… me esa muy fácil y no me cuesta absolutamente ningún esfuerzo y estoy encantadísima de hacerlo …Un beso inmeenso y un abrazo aun más fuerte ( te pienso romper todos los huesos que tengas vivos ) es q acabo de leerte allí y he venido a echarte la bronca a reacción ;)

    Este cuento de Apolinar y sus amigos lo leo por la noche tranquilita …( después de leer todas las alabanzas q te dejan en comentarios merece su tiempo, como si fuera Bella, sonriendo como segurísimo lo harán ella y quienes lo disfruten a su lado… MmuuuaaaaaaaaaaaakksS! Inmeeenso mexicanita linda! ... ¡viva TÚ, por supuestísimo ! ;)

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  16. Es muy dulce el roce de las lombrices enroscadas en sí mismas para celebrar el encuentro con la música.
    Seguro que realmente venía de los dioses.
    Y tu nos la has transportado.
    Me apuntaré tu cuento para cuando quiera recordarlo.
    Un beso de lombriz encantada con tu música.

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  17. Bueno, bueno, bueno, este cuento es ¡¡¡maravilloso!!!, qué preciosidad todo, forma y fondo. Y la madre, Malque, estupenda madre.
    Me ha encantado, lo leía y me decía: qué bonito, qué bonito, qué bonito ...
    Ya puede estar contenta Bella con esta joya de abuela.
    Lo voy a guardar, con tu permiso, es de antología, y se lo voy a regalar a mi sobrino que va a cumplir años pronto. Le encantan los cuentos, seguro que se queda entusiasmado.

    Muchas gracias por compartirlo, Malque.
    Muchísimos besos.

    P.D.: "No hay borracho que coma lumbre", jajaja, no lo conocía...

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  18. Un abrazotote para mi MaLquE cuentera.
    Una muy buena fábula con una excelente moraleja...
    Una pena de haberse perdido.

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  19. Ya, lo recuerdo y recuerdo que mi comentario entonces fue:
    "Moraleja: lo que no puedas hacer con las manos, hazlo con la cola".

    Hoy te digo que es fantástico.
    Y que el apoyo de su madre fue esencial, la importancia de "los empujoncitos".

    Un beso.

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  20. La música hace maravillas, pero también estragos...

    Nos leemos, suerte!

    J.

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  21. Bello relato.
    Yo me siento lombriz muchas veces.
    Bs.

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  22. ¿ tlaconete bilioso ? ¿ es un caracol? … ¿ La baba de caracol es tan pegajosa como novia primeriza ? jajaja … aaayyyy qué coooosa mássS bonita MALQUE … esta guitarrita de pelos de gato en manos de tu concertista de colita rosa me ha robado el corazón… Mmmuaaaakkks!


    Subo con sonrisa de boba integral a leerte la última entrada ;)

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  23. jajaja qué lindo cuentoooooooo!

    =)))

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  24. Bienquerida, pero que lombrices mas chulas tienes!

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La dueña de este blog, una parkinsoniana medio reina medio bruja, prófuga de la cordura, fan sin estilo del poeta trashumante y amante sin suerte de Enrique, agradece la visita y comentarios los cuales serán respondidos cuando el modo off impere en su mente (el modo on lo ocupa para caminar enfundada en sus secretos, sin bastón ni artilugios mágicos). No desespere, tarde pero devuelve la visita (si es que no lo olvida antes de abandonar este sitio).
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la MaLquEridA

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PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Hey si de cuando en cuando nos preguntamos qué demonios hacemos aquí.