lunes, 30 de junio de 2014

Sirenas cantoras




Llueve desde hace muchos días. El agua amanece encharcada en los caminos. Transcurren los días bajo un diluvio feroz. Por la noche sigue llorando el cielo. Los aguaceros son música dentro de las soledades onanistas. Poco a poco el sonido de las gotas cayendo sobre el tragaluz arrullan las somnolencias de quien escucha los cantos nocturnos de una voz apaciguada por el tedio que provoca el desvelo. Pronto saldrán escamas a ese cuerpo blanco abandonado por el sol. Citadina de mar de asfalto. Sirena gorda de mirada triste y canto veleidoso. Los marineros no harán caso de su voz difuminada en mitad de la noche. La escucharán pero no podrán verla agazapada como está detrás de las rocas de su indiferencia. Desde la colina escondida donde rompen las olas peina el pelo rubio ensortijado quitándole la sal de los mares. Su canto lánguido será un murmullo de olas quietas azotándose en el arrecife sin llegar al otro lado donde termina el mundo en el cual los barcos se pierden en la espuma del mar. Sirena extraviada en la medianía de la noche sin nadie a quien enamorar con su canto frívolo de notas cautivantes. Duermevela arraigada en las profundidades de un mar simbólico. Sirenas cantoras para marinos desvelados. Sortilegio oculto en el fondo del mar-amor indescifrable.












sábado, 28 de junio de 2014

Las estrellas no tienen dueño

Como cuando elegiste la estrella más brillante del cielo para ti -la que está juntito a la luna- le pusiste su nombre y dijiste que sería tuya para siempre jamás. ¡Que nadie la toque esa estrella es mía! gritaste en mitad de la noche sin más nadie que tu sombra como compañera.

Un día cuando mi único y mayor placer sea escribir, me dedicaré a inventar cuentos, haré muchos libros como quien hace panes de madrugada y seré muy famosa. Me dedicaré a viajar por todo el mundo. Visitaré España, Marruecos, Colombia, Inglaterra, Monterrey, Cuetzalan, Xochimilco y Francia, en ese orden.

Compraré muchos pares de botas de todos los tonos café de gamuza y me vestiré como Cinderella Star en sus mejores tiempos. Con mi bolso de flecos hippies vagaré por la vida como cuando vivía una realidad ficticia en la preparatoria donde todo acabó.
Tendré un Volkswagen amarillo -tiene que ser de ese color- lo pintaré de rosa y me iré manejando por la carretera a Toluca como cuando soñé que iba por el carril de alta velocidad rumbo al DF. Llegué sin un rasguño y te reíste conmigo porque yo no sé manejar ni mi vida.

Tendré tiempo para tanto después de firmar miles y miles de autógrafos, entonces compraré una casa con jardín donde Natalia y yo andemos descalzas sin temor a enfermarnos. Haré que coloquen un columpio a la sombra del árbol que planté cuando nació la niña y jugaré con ella a tocar las nubes y ver a las palomas hacer el amor. 
Mi casa tendrá una recámara enorme donde quepa una cama tan grande que Barry y yo tengamos que usar el celular para darnos las buenas noches porque para entonces ya habremos dicho todo y nos enviemos besos con emoticones cariñosos antes de cerrar los ojos.

También compraré dos mecedoras, una para Natalia y otra para mi. Cuando regrese de las giras le leeré cuentos a media tarde como cuando no era famosa y tenía tiempo de bañarla y peinarla como le gustaba.

Le pondré el negocio que tanto ha soñado a Barry, con un montón de ayudantes para que se dedique a descansar sus doloridas piernas y a escuchar la música que tanto le gusta. Tendrá su bicicleta de montaña para que salga a pasear por esos lugares inhóspitos como los del camino al volcán al que subimos a lomo de cuaco y en el que nuestra lengua de fuera fue el hazmerreir de los lugareños.
También les compraré una casa a mis hijos en el lugar que más les guste. A Pogh le pondré su negocio de motocicletas y a Pache un bufete jurídico. 

Mi casa estará junto al mar, tendrá un faro que guíe a los perdidos sin imaginación a un mundo disparatado en el que habito en las noches de insomnio pertinaz.

Mis perros tendrán una cama nueva cada uno igual que Calixto. Cabito tendrá una pecera enorme con corales y comida por montones y ya no se lastimará la columna por nadar en una pecera redonda y pequeñita.

Cuando sea rica y famosa vendiendo mis libros de a tres por diez o de a dos por cinco o según se les haga más barato,  seré muy feliz como cuando era pobre y no tenia más que mi imaginación. 










jueves, 26 de junio de 2014

Gusanitos mojigatos




La mano peluda bajo mi cama o los fantasmas arrastrándose por las paredes.  Los panteones por las noches y los hombres enojados. El coco o las arañas patonas acechándome en las esquinas. Los hospitales y los mendigos de la calle que siento me jalan cuando paso junto a ellos. El señor del costal o el ropavejero llevándome en su carro con ollas desfundadas y zapatos sin dueño. La luz del sol y el universo más allá de las estrellas donde se encuentran las respuestas a todos mis enigmas. Los labios resecos y las uñas enterradas, también de dolor se canta cuando llorar no se puede. La comida hirviendo o  la cartera vacía como mi panza en domingo por las mañanas. El camino a mi casa y el abrir la ventana que da a la calle. Que me salgan pelos en la mano o dormir desnuda, bueno eso si me da miedo porque me puedo aplastar mis pechitos, el tiempo se ha colgado de ellos, ¿a quién podría engañar? Estar sin ti y  no morir contigo, severo castigo al desamor que no puede existir entre tú y yo. Hablar con Adriana y mi tartamudez aberrante. A tus ojos gris o mirarme en el espejo a las tres de la mañana. A tus brazos cruzados y a los míos al costado.  A caer en el hoyo negro o tirarme en paracaídas. A las mariposas en el estómago sin pasar por ser orugas.
Puedo hacer una gran lista de todos mis temores pero lo que de verdad me pone los pelos de punta son los gusanos con sus decenas de patitas caminando sobre mi piel. 
Si un miedo hay en este mundo que nunca voy a vencer no son los anteriores ni muchos más con escaso valor, es mi miedo a los gusanos. No me voy a enfrentar a ninguno para acabar con esta fobia que me pone a sudar ¿para qué? ellos pueden vivir sin mi y yo vivo muy bien sin ellos.

Entonces...

¿Cómo voy a hacer para acabar con el intruso que ha llegado a sentar sus reales en el malvón? Sólo pensar que hay uno deambulando por ahí se me enchina la piel. No tengo valor para enfrentármele y acabarlo pero tampoco quiero que se reproduzca. No podría -como hago con las arañas- echarlo de casa con la mayor de las cortesías.
Gusano mojigato con cara de beata en iglesia abandonada cuidando mis pesares bajo la sombra de un malvón. ¿Sonreirá de mi?

Muero de temor de no poder enfrentar el temor a mis temores centrados en la cara de un gusano de plantas de patio trasero. Pena penita pena tener miedo a un ser una y mil veces más pequeño que yo, vulnerando el existir con sus ojos fijos en mi esperando que voltee y yo mirarlo no quiero porque al mirarlo muero.













martes, 24 de junio de 2014

Casi poesía de caracolas insumisas

El miedo tiene instinto maternal, no te abandona del todo por más que intentes esconderlo bajo tus rizos.

Tal como lo había pensado, el domingo me dispuse a ir -¿así se dice?, necesito una maestra de redacción- a comprar la maceta. Tomé la pastilla ¨del buen caminar¨ esperando que hiciera efecto mientras me arreglaba. Pasada cerca de una hora crucé el bolso en mi pecho, tomé el bastón y emprendí el camino pero sólo pude llegar a la puerta de la casa.

Bienaventurados aquellos que caminan sin ayuda porque de ellos será el reino de las hazañas infinitas.

Me entró un ataque de pánico. Por mi mente pasó el temor de que mis pies no me obedecieran y quedaran anclados al piso. Sin el brazo seguro de Barry, mi vida afuera vale lo mismo que un poeta sin musa.
Me vi parada a mitad de la calle con los pies pegados al piso, convertidos en dos pesadas piedras me impedían dar el paso dejándome clavada a mi propia desventura. No no no no.

Dando marcha atrás dejé la audacia de apenas unos minutos antes colgada del perchero. Diluida entre el querer y no, aventé el bolso en el sillón escondiéndome tras la ventana.

Caracol caracol caracolito,
caracol caracol, saca tus cuernos al sol.

Veía a la gente pasar solos o acompañados caminando felices sin más nada que la dicha de poder ir a donde les plazca. Los envidié y no no fue envidia de la buena -esa no existe- sino que... Cuiden sus pies y sus manos y su todo. No lloren después de lo que advertido queda.

Como caracol tímido guardo mi cuerpo en mi casita y asomo las antenas sólo para dar fe de mi existencia.

Barry me recordó mi frase de batalla, la que olvidé desde hace tiempo: El mundo es de los audaces. ¿Dónde quedó esa audacia que me permitía no temer a nada?
Quizás debajo de mis pies, aplastada por esas dos piedras en que se convierten cuando olvidan que el mundo era mio y el que ahora transito con la ayuda de Barry. Por siempre Barry.

Apoyada en el bastón de la abuela -que ahora es mio- recorro el camino que algunos creen que es de espinas pero no saben que el mio está lleno de risas y de flores. Yo también sé querer pero tengo el defecto de no saberlo expresar. Herencias bordadas con sangre en la piel de los que han llegado.

Otro día, quizás el viernes lo vuelva a intentar. Cuando me sienta con suficiente valor para verme al espejo y reconocer a la Flor de María -no olvides mi nombre- que siempre ha estado ahí con esa audacia que la llevó a buscarse la vida donde nadie nunca imaginó. La que no se detiene sólo porque sus pies son de piedra vil y que espera un mañana para ser mejor, cliché barato pero verdad al fin.

El tiempo sólo te sana lo que no importa ya.











domingo, 22 de junio de 2014

La siempreviva no fue fiel a su nombre



La siempreviva cuando era feliz sin mi


Hace tiempo Doña Viejita me regaló una planta llamada siempreviva. Me la dio para que curara los ojos de semáforo en alto que siempre traigo. Mis ojos son rojos, prófugos de drogas recalcitrantes -que nunca uso- anidadas en ellos.

La cosa es que cuando me la dio, la dejé crecer a la buena de dios sin más cuidado que los riegos del jueves que es el día que me acuerdo que tengo plantas. Al lado del lavadero, la siempreviva crecía frondosa sin mis cuidados.

Un día como suele pasar reparé en ella. Tenía los troncos firmes, hojas gorditas y pachonas muy verdes. Daba gusto verla, tanto que se me ocurrió cambiarle la tierra. La puse en una maceta rústica de las que tanto me gustan y le cambie nombre -le puse el de uno de los nuevos amigos que por ese entonces apareció en mi vida- y la dejé a buen resguardo bajo el techo de mi amorosa casa.

La planta fue creciendo así como la amistad. Hay quienes comparan el amor con una planta, yo la comparo con la amistad. Hay que cuidarla cada día, regarla y bla bla bla. cosa que hice muy bien según yo.


Un día apareció junto a la plantita una de sus hojas. Deduje que estaba mudando como los humanos de dientes, pues ellas mudan de hojas. Extraña coincidencia, por ese entonces discutía con mi amigo por cualquier cosa. Somos tan parecidos que eso mismo es lo que nos repele.

La planta siguió creciendo pero ya no tan frondosa. Dejaron de salirle hojas y las que tenía comenzaron a caerse sin ninguna explicación. Los silencios se fueron haciendo más grandes. Mi planta se estaba muriendo.

Entonces tuve una gran idea, la saqué al patio para que volviera a sentir el aire fresco -a veces pienso que mis excesivos cuidados la agobiaban- y la dejé en un sitio donde se ¨sintiera¨ bien. Hablo de mis plantas y mis mascotas como si fueran personas, exacerbada manía que no sé de dónde salió.


La siempreviva moribunda

El acabose llegó hace unos días. La planta decidió por sus propios medios -yo la ayudé un poquito sin querer- dejarse morir. Cosa curiosa la amistad con mi amigo que creció junto con la planta había llegado a su fin. 
Sabes que pienso que una retirada a tiempo es siempre una derrota. canta Enrique y yo le creo. 

En la amistad como en el amor siempre soy la culpable. Y lo digo no para que me consuelen, es la verdad, soy culpable hasta de haber nacido. Temo que siempre ha sido así. Estoy tan acostumbrada a tener la culpa de todo que aún sin que me lo digan lo sé de fijo y esta vez no es la excepción. No es que lo crea es que al final siempre me dicen lo mismo. Me sé de pe a pa el discurso: Es que tú... es que tú... y así hasta el final de la vida o de lo que ella se escriba.

Supongo que mi sobreprotección dio al traste con todo. Ahogué a la planta. Su única salida fue dejarse morir.  Quizá por eso soy sola, porque no sé estar con nadie. Cuido a los amigos hasta asfixiarlos o los descuido sin ningún problema. Mi familia me aguanta porque no hay de otra pero los amigos no, terminan por irse. Los aleja mi egolatría y mi escasa madurez. No sé ser amiga y no se hable más. lo digo yo y se acabó. Así siempre ha sido y así será siempre, lo dice la vida.  

No puedo hacer nada porque esa amistad vuelva -he hecho más de lo imposible- pero si puedo hacer algo por mi plantita.
Apenas amanezca iré al Super -no le digan a nadie que iré sola- compraré una maceta rústica de esas que tanto me gustan. Cambiaré la tierra y la dejaré de nuevo que crezca al amparo de dios, como al principio que sin mí vivía feliz en su solitario abandono y sin más compañía que ella misma.

Si revive seré feliz y si no seré asesina de plantas reales y de amistades virtuales.














viernes, 20 de junio de 2014

¿De gatos dice usted?

No mire, yo de gatos no sé más que lo que he aprendido de mi gato Calixto que más bien es muy poco. Mire usted, mi gato que no es mi gato pero si porque vive en mi casa llegó un jueves. No me pregunte de qué año ni que día porque en cuestión de fechas como de amores soy más bien una piedra tirada al mar. ¿Qué significa eso? No sé pero suena bonito.

Como le iba diciendo Calixto me ha enseñado que a los gatos no les gusta bañarse. Lo supe un día que preparé su agua calientita y mire, hasta le compré su champú del gato mimado pero nada. Cosa fue de ver el agua y el champú cuando patas pa´ qué las quiero. Corrió por el patio pasando encima de la hoja elegante quien quedó más bien como vil arrabalera con el vestido hecho jirones. Luego saltó sobre El árbol de peces, rompiendo la maceta donde se encontraba plantado y se fue hecho la cochinilla por los tejados no volviendo hasta la hora de comer porque eso sí Calixto estará muy asustado pero nunca deja pasar la hora de los sagrados alimentos, ´tonces -como le digo- de ahí supe que los gatos no se bañan.

Cierto es que ellos se relamen todo el cuerpo, según ese es su baño pero bueno, sea por dios. No imagino yo relamiéndome el cuerpo, acicalándome los pelos y andar como si nada con la baba de ayer como perfume y encima de todo caminar garbosa como si el mundo fuera mío.

Sé que son muy limpios. Hacen de la pipí y de la popó no sé dónde porque mi Calixto nunca ha hecho sus gracias en mi patio. Bueno está bien, si sé dónde hace del baño. En el patio del vecino que no vive en su casa  pero ¿a poco no él tiene la culpa? quién le manda tenerla abandonada.

También con mi Calixto aprendí que son muy territoriales y de eso pueden dar cuenta otros gatos que han llegado por casualidad. Han salido corriendo por su vida con rasguños y golpes pero con ganas de no volver.

Pero -siempre hay un pero maldita maldición- llegó hace unos días un gato amarillo que si lo pienso bien es una gata oxigenada. Toda flaca y con los pelos mojados tomaba el escaso sol en el techo del vecino de atrás, merito el de la esquina.

¿Qué porqué digo que es gata? mire y dígame si no.

Una noche que llovía como si fuera la última vez, salí a ver que Calixto no se mojara y cuál va siendo mi sorpresa cuando en vez de mi gatito, veo a un minino todo desabrido, flaco y hambriento echado en la camita de Calixto y a éste muerto de frío en el lavadero.

¿Qué? pegué el grito en el cielo, ¡ámonos a la chi! le dije al gato intruso quien salió disparado como alma que lleva el diablo tirando todo lo que a su paso encontró.

Me quedé pensando en la actitud de mi gato y deduje que el intruso debía ser una gata, de otra manera no veo por qué Calixto aceptó dejarle su lecho. Siendo macho, Calixto se pierde tras los pelos rubios oxigenados de una gata casquivana.

Pero oiga usted  no lo voy a permitir. Siento mucho que esa güera no tenga hogar pero fíjese, en casa dicen que me quede con ella pero mire, ya tengo un gato, dos perros, un pez, un marido, varios hijos, una nieta. Súmele a eso el Parkinson. ¿A poco no es mucho para un cuerpo tan débil y pequeño como el mío? ¿Verdá que si. Dígame, ¿cómo chingados voy a poder con otro gato? ¿Y si es gata? Tendrá sus gatos, obvio no de mi Calixto porque a él le quitaron toda posibilidad de tener herederos pero ¿y si la gata oxigenada le enjareta los hijos al Calixto y este los acepta para que la casquivana no se vaya? Voy a tener una familia gatuna de un día para otro. Oigame no, pos de qué se trata.

La rubia vino de nuevo anoche pero Calixto no estaba. Se comió su cena y se fue. Mi gato ha de haber amanecido entre sus brazos porque es hora de que no llega y yo con el Jesús en la boca. Como madre aprehensiva no pude pegar el ojo, eso no se vale ¿o cómo ve usted? pero pus qué le hago, es mi hijo gato y como tal debo cuidarlo aunque él ni se entere.
Voy a ver si ya llegó, darle de desayunar y ver si está completo. 

Eso es todo lo que de gatos sé, como verá es nada.












sábado, 14 de junio de 2014

Espérame porfis





Hace poco me quejaba de La Bella que llega y no me saluda. El caso es que sigue igual y no lo entiendo. No soy abuela de esas que abraza a nadie hasta dejarlo sin respirar ni soy de las que aprietan las mejillas ni llenan de besos a sus amores. Soy más bien fría en menesteres amorosos y todo lo que tenga que ver con ello.

La cosa es que me sigo preguntado el porqué Natalia siempre encuentra cosas más importantes que hacer antes de saludarme como  llenar de besos a Babo Alejandro, rascarle la panza a Tiki o tirarse en el sillón a mirar el techo por largo tiempo. Inmóvil espera a que desaparezca de su vista y seguir su vida infantil.

Digo yo si de todos modos me va a saludar porqué no lo hace pronto y ya. Así no la friego y friego con mi letanía: Natalia salúdame. Muñeca dame mi beso. Bellita ándale y ella: Ahorita abuela. Espérame Chiki. Ya voy abuela, espérame porfis y así los días.

Yo es que no entiendo a los niños.

Espero paciente a que quiera saludarme mientras sueña que vuela por mundos imaginarios. Tal vez sea hora de no tomarle importancia al asunto, de tal manera que cuando la deje de fregar ella me saludará y mi duda existencial quedará resuelta.

Bien por mi y por ella que ha salido tozuda como la abuela que no acepta que nadie le diga qué hacer.






Pongámonos serios como sueles hacerlo






Acabemos de una vez por todas con este insomnio. Tomemos al toro por los cuernos. Valeriana en forma de pastillas para dejar de pensar en cosas que no entiendo. Bajo tu propio riesgo. Dejemos que la vida siga. Dormir para descansar por fin de todo. No se trata de morir, se trata de descansar una noche completa, dos, tres ¿qué más da las que sean? Duerme. Sin movimientos incontrolables. Sin preguntas necias que no tienen respuesta. Sin pelear con nadie. Dando las buenas madrugadas a quien se deje -siempre habrá alguien que conteste- para sonreír al alba. Dejemos de entrar de puntitas a las letras prohibidas. Hagamos como si nada pasara. Se trata de vivir dejando que la vida nos lleve. Es sabia dicen algunos. Es un desmadre dicen otros. ¿Y qué se le va a hacer? Es la vida con sueño eterno sin ser la muerte. Dejemos de pensar en los porqués calladitos. Respetemos los silencios. No atisbemos mundos que no nos conciernen. Asomarse sin permiso a donde no se es bien recibido es necedad. My sacrifice ¿Te suena? Quizá deberías empezar por ahí. Quizá debes empezar a creer un poco en ti. Quizá ya ocurrió y no te has dado cuenta. ¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta? Un bolero que no se ha escrito. Quizá sea hora de emprender el vuelo sin mirar atrás. Vuelve a Higher un poco, como antes y duerme como antes, cuando no había porqué preocuparse y dormías hasta mañana. ¿Mañana? Mañana no existe recuerda, mañana es hoy y hoy estás aquí. Calla y mira nomás ¿puedes hacerlo? El insomnio es un demonio difícil de vencer. ¿Podrás acabar con él? Hasta ahora no.  Los insomnios deberían ser prohibidos los domingos y fiestas de guardar. 













viernes, 13 de junio de 2014

Olvido que no te olvido






Pregunta el neuroloco que si algún miembro de mis antepasados, recientes, lejanos e inconscientes ha padecido alguna vez de la tiroides.
Sepa su madre digo yo, a duras penas conozco  a los miembros más cercanos de tan rancia estirpe y ninguno está enfermo de eso.
Los miembros que conforman el árbol genealógico de Los Apellidos Ilustres -como llama la MaLquEridA a su familia- tiene tantas ramas como nubes el cielo. Ramas que ha ido desapareciendo al paso tiempo. Como sucede a todo árbol, algunas persisten y otras sucumben apenas siendo unos botoncitos pequeñitos como el respirar de un colibrí. ¿Han oído respirar a un colibrí? Es como si el aire pidiera permiso de existir.

Algunas ramas no llegan a ser fuertes, se doblan y aunque no se quiebren su existencia es muy corta. Otras se tuercen al primer aironazo pero otras se crecen ante la adversidad y cumplen su cometido de ser guardianes de nidos y de dar sombra al que más.

Bueno...

Preguntar a cada miembro de tan grande familia si alguno se ha enfermado de la tiroides está de la chi.
Los miembros viejos con trabajo saben que existen y los nuevos apenas saben que existen.

Como sea el caso es que me he dado cuenta que este árbol de ramas muy fuertes se está quedando pelón. Cada vez tiene menos sitios donde arropar nidos nuevos.
Dentro de un tiempo dicho árbol será un tronco viejo donde lleguen a orinar los perros. Servirá de guarida a incipientes seres de gran imaginación como en vida lo fue. siendo todo de lo que él se recuerde.

Sus ramas no existirán más. De Los Apellidos Ilustres no quedará ni la A, como sucede en esta vida, de todo lo que fuimos sólo el viento sabrá y eso si aún sopla porque al paso que vamos ni el aire sabrá de nadie. Sólo traerá entre sus chiflidos el sonido de alguien que desde cuadras antes anunciaba su llegada, pero no habrá quien corra a su encuentro porque el tiempo se habrá encargado de borrarlo de la memoria.










martes, 10 de junio de 2014

¡So palurdos!





¿Por qué no me sorprende la capacidad que tiene Barry para defenderme? Después de ser ¨absorbida¨ literalmente por una horda de hombres salvajes salidos de sólo su madre sabe dónde. Ver como cual superhéroe y sin medir las consecuencias me rescató de entre toda esa bola de rufianes, palurdos, amorfos, maleducados me hizo sentir muy bien. Eso si, como compañera de mi héroe favorito, estuve presta a soltar bastonazos al primero que nos atacara. ¡Vade retro truhanes saltimbanquis panzones!

La gente me asusta y si son hombres salvajes me aterrorizan hasta el paroxismo terrorífico de todos los terrores. Siento que no miden hasta donde pueden llegar. Todavía traigo el dolor en mi cuerpecillo de los rastros de su fuerza bruta que me hirió sin querer y sin pensar, ¡Bobos!

Me voy a ir a vivir a una ermita, por allá lejos donde no haya hombres peludos y salvajes y sólo oiga el canto de los grillos. Cuidaré plantitas que no bautizaré con nombres de amigos imaginarios y me echaré en el pasto a ver pasar la vida como quien mira las olas del mar.

¡So pencos! ¡Pirobos, langarutos! (Que conste, no todos, nomás los que me hirieron).












domingo, 8 de junio de 2014

Los perros también duermen

¿Qué se oye en el silencio de esta madrugada lluviosa? Nada. Ni el canto de los grillos ni el gorjear de los pájaros madrugadores que viven en el techo de mi casa. ¿Recuerdas cuando mamá nos bañaba en el patio? Aguzando el oído se oye el sonido casi imperceptible del motor del refrigerador haciendo música con notas bobitas. Ta ta taaa Ta ta taaa, como si estuviera aclarándose la garganta. ¿Recuerdas la cocinita de humo con su fogón cociendo frijoles? Luego nada, no se oye ni mi corazón. ¿Por qué estoy despierta a esta hora y en domingo? Esto es un crimen. Tic tac tic tac el reloj de la sala dice tic tac sin cansarse. ¿Recuerdas nuestros zapatos rotos? Y la señorita que vivía en mi edificio. ¿Recuerdas el día que cumplí quince años y mamá compró pan de dulce para festejar? La señorita Lulú, podían pasar las horas y ella no se cansaba de hablar. ¿Te acuerdas cuando éramos pobres? Respiración. Pasos. Árboles de follaje espeso rodeados de una neblina fría. ¿Te acuerdas cuando íbamos al monte a recoger leña y hongos? Motor de un coche. Nada. Silencio total. En domingo de madrugada los perros también duermen. Horas confusas. No saben si es hora de dormir o de hablar. ¿Recuerdas cuando teníamos que escondernos porque hacíamos enojar a mamá y nos correteaba para darnos nalgadas bien merecidas? Voces alegres, voces aturdidas de tanto insomnio. ¿Recuerdas a la tía Paula cuando nos daba tacos de sopa? Sueño despierta que estoy con mis hermanos, abrazándonos porque hace frío mientras mamá preparaba una olla de café. Hay una gota cayendo en la cubeta de fuera. ¿Te acuerdas cuando te castigaban y tenias que lavar el chiquero donde la abuela tenia los cerdos? Es como si de pronto los ruidos despertaran. ¿Te acuerdas cuando no teníamos dinero para comer? No entiendo a la gente. Acaba de cantar un pajarllo, ha roto el silencio de la madrugada. ¿Qué dirán los pájaros? Este año nos ha llovido mucho, dice el señor de los helados.¿Recuerdas los paseos dominicales al convento? Pasos con tacones en la calle. ¿Será Cinderella Star aún trabajando? Se abre un portón. Ruido de coche saliendo. Tic tac tic tac. Mi corazón late como burro sin mecate. ¿Te acuerdas cuando mamá nos hacia reír? Una madre triste haciendo reír a sus hijitos. Quiero un café.. Tengo que salir de aquí. ¿Recuerdas que te escondías en lo alto de las escaleras a leer? Apenas aclare la mañana, me bañaré y me vestiré y le diré que me quiero ir con él porque esta paz ventajosa me esta matando. ¿Recuerdas cuando me jalabas las trenzas? ? Vámonos pues a la carretera, allá donde aun se escuchan en las noches calladas la voz de una madre triste haciendo reír a sus hijitos. ¿Escuchas?











viernes, 6 de junio de 2014

¡Ya chole!







El médico me mandó a hacer estudios porque dice que esas dos bolitas que tengo en el cuello son sospechosas.
Yo digo que son los huevos que se me subieron a la garganta cuando me dijo que podía estar enferma de la tiroides, (hay que descartarlo con algunos exámenes). Al dios que corresponda doy gracias no ser hipocondríaca sino ya habría chafeado.

Dando por descontado que escribo puras miserias, continuaré riéndome de la vida digan lo que digan los médicos, pa´que no crean que se me va la vida en puro sufrir. 
Seguiré siendo feliz, obvio de este lado del monitor porque del otro lado seguiré contando mis tristezas que se me dan muy pero muy requetebien (según yo), advertidos quedan. Aunque digan algunas que no me quiero, si no me quisiera habría colgado los tenis desde hace mucho so palurdos. 

Total,

¿Quién dijo miedo si para morir nacimos? (Los optimistas opinan que nacimos para ser felices, no lo discuto, igual todos los que nacemos morimos y el que diga lo contrario que de un paso al frente).

Y ya me voy a reír porque se me acaba de caer una muela y perdimos (si, si perdimos aunque yo no haya jugado) contra Portugal.















martes, 3 de junio de 2014

De renglones torcidos y otras oscuras perversiones

El lugar es grande, limpio, con esa limpieza percudida de los hospitales públicos. ¿Cómo llegué ahí? Rodeada de seres bizarros, de cabezas desproporcionadamente grandes con ojos huyendo de sus órbitas. Cuerpos de músculos intransigentes desobedeciendo a una mente confusa que no sabe a qué lugar pertenece. Seres extraños en su propia rareza. Hablan poco, no tienen o no saben qué decir dejándose conducir a una salita en la que enfermeros comandados por un sargento escondido detrás de un monitor sacan sangre como vampiros sin llenadera. Atiborran tubos y más tubos de rojo líquido acomodándoles en una rejilla mientras mascullan frases simulando ser amables. Sonrisas siniestras dibujadas en los rostros cansados de ver tanta miseria mental.

Alguien pronuncia mi nombre. Me da escalofrío escucharlo. Un algo helado recorre la columna vertebral instalándose en mis piernas, paralizándolas de tal manera que el médico ha debido conducirme del brazo para llegar al destino de agujas destinadas a agujerear un tembloroso objetivo frío de temor.
Me niego a ver como la jeringa reniega del pinchazo mirando a otro sitio. Un sujeto es también herido con la aguja más pequeña que sus miedos. Tiene la mirada fija sobre el riachuelo de sangre que llena el tubo con su nombre. A los otros no los miro no vaya a ser que aviente todo y salga corriendo a refugiarme a los brazos de quien por mi espera a la salida de ese mundo abyecto.

Afuera un tipo sin control sobre su cuerpo golpea la cabeza en el cristal de la puerta produciendo un ruido sobrecogedor. Nadie hace nada, sólo ve lo que los ojos no debieran ver.

-Los pobre no debiéramos existir- dice alguien. 

Con la sonrisa fingida y la amabilidad inherente al contrato de trabajo, el médico me ayuda a salir de esa sala de locura catastrófica.
Ni siquiera busco a Sócrates y su banda de gatos filósofos. Escapar es lo que quiero, ya habrá tiempo después de saludar a los mininos. Habitantes fuera de lugar de ese mundo al que es mejor no asomarse ni con disimulo.

El sonido de mi bastón sobre las baldosas del hospital que apenas va despertando se oye en la quietud de la incipiente mañana. Huyendo con pasos cortos intento dejar atrás el horror que me provoca el saber que pertenezco a ese mundo subnormal por algunos llamado ¨los renglones torcidos de dios¨. Como el libro como la película, como en la vida estúpidamente real. Universo dantesco impregnado en los dedos sin salida aparente.

¿Cómo llegué a aquí?

´Renglones torcidos´, nombre ingrato con el que se etiqueta a los ¨diferentes¨, a los pertenecientes a un mundo al que yo llamo de poetas perfectos con musas obscenas ahogándose en su propia poesía. Nombre más suave que no hiere lo sublime de los seres habitantes en su propio universo mental al que los de fuera no tienen idea de qué trata.

















lunes, 2 de junio de 2014

Escucha música o si quieres piensa en mi







Hay días en que me resulta muy complicado cuidar a mi perro cuando le dan los ataques. No puedo caminar tras él para evitar que se golpee. Me desespero igual que Babo Alejandro quien con sus ladridos avisa que algo está pasando con su hermano perro y me vuelve loca. Yo no ladro, nomás maldigo.

Cuando a Benito Tiki le da el ataque, se echa porque le viene un espasmo fuerte entonces aventando el bastón  me siento en el suelo junto a él, le acaricio la cabeza para decirle que aunque no pueda hacer nada no lo abandono.
Maldigo como es mi costumbre al dios de los perros -¿quién si no?- que le mandó esa enfermedad a un ser tan noble.

Luego de un rato, Tiki con sumo trabajo se levanta y comienza a vomitar, los esfínteres se le relajan sin poder evitar hacer popó donde sea, pobre de mi perro, sus ojitos piden ayuda y no puedo hacer nada. Arrastrándose se mete en su casita a esperar el alivio mientras yo renegando y maldiciendo limpio la catástrofe.

Benito se lame las patas y su infortunio.

Después de un rato me siento a descansar en el sillón. Tiki exhausto me ve. Haciendo un gran esfuerzo brinca al sillón y se acurruca junto a mis piernas para que lo acaricie. Ahí olvido todo, sus mordidas, su mal carácter, su no quererse bañar, todo. Me pongo a llorar de pena. Me reflejo en mi perro. Quitándole su nobleza, Benito es yo en perro.

A veces quisiera ya no estuvieran conmigo. Me cuesta trabajo atenderlos bien cuando apenas si soy capaz de cuidarme a mi misma. Creo que sería mejor se fueran con mis hijos o algún albergue pero me pongo a pensar que sería como abandonarlos y eso no me cabe en la cabeza por mucho que estuviesen bien cuidados.

Ellos saben con todo y mi mal genio que valen mucho para mi y botarlos -eso significa- sería lo más bajo en lo que podría caer. Los perritos nunca me dejarían por más que sea yo la que mucho los regaña.  ¿Qué le voy a hacer? alguien tiene que poner orden en casa y a mi me tocó ser la dura de la historia. 

Me miro  a mi misma, vieja y enferma, no me gustaría que mis hijos me dejaran en un asilo o me abandonaran fuera del entorno donde he vivido toda mi vida aunque eso significara dejara de ser una lata para ellos. Me agarraría con uñas y dientes, no permitiría que me sacaran de mi casa. (Sé que ellos no lo harían pero uno nunca sabe). Soy susceptible al abandono. Moriría de tristeza. Soporto que me abandone el mejor de mis amigos pero que lo haga mi familia o mis perros no lo concibo.

Maldigo mis malos pensamientos en ocasiones al no querer cuidar a mis perritos pero tengo una justificación, soy humana y como tal me comporto.













Musa de un Toro Salvaje

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Hey si de cuando en cuando nos preguntamos qué demonios hacemos aquí.