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jueves, 12 de abril de 2012

Águeda Durazo







Parada frente al departamento, Águeda no se decidía a entrar. Deshojaba la margarita dejando caer los pétalos de su indecisión, formando un tapete de dudas.

Adentro encontraría techo y comida segura. En un departamento como ese no faltaba nada. Sin embargo afuera tenía la libertad de moverse hacia cualquier lado sin miedo a que alguien pudiera hacerle daño.
Llegó a Morelia en los primeros días de noviembre, en un barco trashumante, escondida en una caja de bananos. Polizón huyendo de un amor que la dejó en los huesos.
Vestida de luto, armonizaba limpiamente con el color de sus sueños. Negro que te quiero negro.
El duelo comenzó una tarde fría de mediados de noviembre, cuando Raymundo Valdivieso,  desapareció de su vida sin darle ninguna explicación. 
En ocasiones se iba por días pero siempre volvía a buscar calor entre sus brazos y piernas.

-Te extrañé- le decía, al tiempo que sus brazos y patas rodeaban el cuello del amado. Águeda Durazo, era una cucaracha. 
-No se extraña lo que no se ha ido, y yo estoy aquí- contestaba él, sin dejar de mirarla con esos ojos cafés tan llenos de amor y la gorra mamona que nunca se quitaba.
-Te amo- decía Águeda
-Igual- contestaba él. 
Nadie que ama de verdad contesta ¨Igual¨ ante un ¨Te amo sincero, señal que Águeda no vio acerca del amor de Raymundo.

La tarde en que el cucaracho se fue, todo transcurría normal. Se besaron y abrazaron como cada día.
Raymundo aspiró el limpio aroma que despedía el pecho de Águeda. Ella se llenó de su mirada antes de despedirse.

Él se fue para no volver.

Águeda deseó volverse loca. Lo buscó por los lugares en los que Raymundo acostumbraba meterse, pero no hubo rastro alguno.
Las coladeras, el baño, el basurero, todo fue rastreado por las poderosas antenas sin obtener ningún resultado.
Pasó llorando una semana entera, tirada en la cama, no quería saber de nada. No dormía, los ojos rojos de tanto llorar, parecían carbones encendidos. Sus patas y antenas estaban sucias de tanto sueño perdido.

Las saladas lágrimas formaron un pequeño charco donde las hormigas llegaron a nadar en las noches cuando a la luz de la luna, Águeda gritaba el nombre del ingrato.

Y pasaron los días en tropel acusando las arrugas en la cara pálida de tanto llorar. Había dejado de hacer ejercicio en la caminadora de la salita. No iba a sus clases de francés, ni leía los libros que tanto amaba.
Con el cuerpo ajado de tanto llorar, Águeda se estaba dejando morir.

En un vano intento por salir del hoyo de la depresión en el que estaba hundida, un día abrió los ojos y decidió emprender un largo viaje para olvidar al cucaracho que la dejó llorando su abandono.
Se embarcó en el primer carguero que encontró perdiéndose en los mares de la apatía.

El viaje transcurrió sin peligro a no ser por el sobresalto que le ocasionó un marinero borracho que la vio de soslayo, dejándola ir al momento que soltaba una súbita carcajada.
Águeda se escondió entre las pencas de los plátanos y no volvió a asomar las antenas hasta tocar tierra.

Caminando en las tibias noches cobijada por el cielo de Morelia, Águeda había llegado hasta ese departamento encontrando refugio seguro, no queriendo moverse más de ahí. Los dueños de la casa no eran sucios pero tampoco se distinguían por la limpieza, así que no había peligro, ahí se quedaría hasta que el olvido llegara.

En el día mientras los habitantes de la casa transitaban a sus anchas, Águeda se escondía en la resistencia del refrigerador.
Por las noches salía por debajo de la puerta de la cocina cuidando de que ningún bicho agorero hiciera presa de ella.

Transcurrieron los días de noviembre, hasta llegar a abril, día en el que recapacitó y no quiso seguir viviendo atada al recuerdo de Raymundo Valdivieso, el amante que la abandonó después de varios años de relación.

-No quiero que ninguno de los dos salga lastimado- decía él
-El amor no lastima- decía ella en vano afán por no ver lo que estaba a la vista, el desamor del cucaracho era ya evidente.

Parada frente al departamento, de pronto pasó su vida ante ella. Recordó el largo tiempo en que su amado cucaracho la había hecho feliz. Los momentos en que abrazados contaban las estrellas, acostados en el patio trasero de la casa donde se conocieron.
Los días que pasaban escondidos detrás del calentador disfrutando plenos su amor, celebrando cada día el estar juntos.

Pero ya no había más Raymundo, la había abandonado dejándola hundida en la más absoluta tristeza.
Ya no podía seguir así. No podía seguir llorando por alguien a quien no le había importado lo suficiente como para verla a las antenas y decirle ¨Ya no te amo¨. Raymundo había preferido que ella lo deshiciera con el despecho de cucaracha rencorosa a tener que aguantar las lágrimas de despedida.

Águeda tan ensimismada estaba en sus recuerdos que no vio venir el pie amenazante erguirse tras de ella y ... ¡ZAZ! Águeda Durazo quedó muerta debajo de la suela de la dueña del departamento.

Antes de morir, el último pensamiento fue para el ingrato de Raymundo quien a muchos kilómetros de distancia sonreía con un grupo de cucarachas mozas que se peleaban el favor de su atención.
No había perdido el carácter bonachón que lo caracterizaba. Para él, Águeda dejó de existir el mismo día en que la abandonó, ¨Si te vi, no me acuerdo¨ 

Adiós Águeda, deja de sufrir por Raymundo Valdivieso cucaracho de poca monta. Fue el amor de tu vida pero ¡Oh realidad! Tú no fuiste más que un ave de paso en la vida de él.

Fin de una historia de amor bizarra.





















16 comentarios:

  1. valla que juan cucaracho de verdad amaba a cuca...es la novela de amor insectual que me ha cautivado...yo hubiera preferido catarinas o abejitas como es normal...saludos malque...

    no me hagas caso empiezo a divagar...

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  2. ¡Válgame! Tanto que odio las cucarachas y ahora leyendo esto me etá dando ternura.

    Me encanta cómo escribes.

    Un abrazo

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  3. Pobre Águeda, se fue con dolor en su corazón :(

    Bonito cuento Malque!

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  4. Creo que la pobre Águeda se ensimismo demasiado. Tal ves por ser cucaracha nunca escucho el refrán "Si lo amas déjalo libre, si regresa, siempre fue tuyo, sino, nunca lo fue".

    Saludos, muy buen viernes ;)

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  5. Hola Malque!!! ahhhhhhhhhh esos amores no correspondidossssss!!!
    Y el cucaracho de Ray???? Lástima buen zapatillazo pues no sabe lo que se perdió pero como a todo cerdo le llega su san Martín... también le llegará su hora!!!
    ¿Sabes que el nombre de Águeda siempre me ha gustado mucho y aquí en España se celebra porque es el día de la mujer???? Besos españoles.

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  6. ni modo, con amor o sin amor, es el destino de toda cucaracha. sólo espero que la fuerza del pisotón sea más fuerte para el cucaracho. un beso.

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  7. Porque una cucaracha ?, porque no hormiga? porque no grillo ¡ oruga quizas ? odio los cucarachos, no siento simpatia x ellas. sni hablar aun asi esta bonito el relato saludos ¡

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  8. No solo les pasa a las cucarachas, a algunos humanos también...
    Besos y salud

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  9. Cualquier parecido con la realidad...

    Pobre Agueda, y Raymundos hay muchos de esos..que tristeza.

    Saludos ahijada.

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  10. qué decir Malque? Águedas hay muchas y Raymundos no se diga. Sin embargo creo que en esta historia ganó la depresión y la desesperación. Las ganas de no salir adelante y de no volver a intentar.
    Saludos Malque!!

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  11. Bonita historia de amor y con personajes que cohabitan con nosotros, son los unicos animales que aman al ser humano y no les importa que sea un cochino de miechica.

    Y no como otras que lo unico que les preocupa son los verdes y que se bañe todos los dias.

    Espero que estas historias sigan fluyendo.

    Besos

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  12. Ohh ojalá Agueda hubiera tenido un mejor último recuerdo. Que curiosa historia, te faltó la parte del sexo jajaja

    Saludos!

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  13. Chale, como que me pegó un poco y me sentí identificado :/

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  14. Jamás creí que las cucarachas tengan sentimientos! jaaa!
    Pero muy buenooo!
    Bss Malque

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  15. eso es bien feo, cuando no es "igual"

    ya no correspondido

    solamente saber que no se siente lo mismo

    chale

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Chiquita, de cabeza que cambia constantemente de color. De mirada triste con pestañas de burro. Vive donde puede haciendo lo que quiere. Todo se ve mejor desde un segundo plano.

la MaLquEridA

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje