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sábado, 17 de septiembre de 2011

Doña Bobita y sus zapatos rosas



Caminar sobre una superficie lisa es muy difícil, hay que traer suelas antiderrapantes para no resbalar y azotar con las patas abiertas cual pasos imposibles de ballet.
Eso debió pensar doña Bobita -la araña patona del baño- antes de comprar los ocho pares de zapatillas rosas con tacón de quince  centímetros que resaltaban sobre los azulejos.

Resbalaba sin poder mantener el equilibrio, aunado a eso la panza de doña Bobita había crecido desmesuradamente. Llevaba una vida sedentaria, sin hacer ejercicio ni salir a comer bichejos, porque con unos cuantos clicks mandaba traer comida de la fonda de la esquina, no teniendo que salir a cazar moscos o mariquitas.

El baño era su morada desde hace varios días. Cuando pedía comida se la entregaban por el tragaluz, desde la cama veía cuando la depositaban en el barrote de protección. Entonces de la pata derecha que era la que tenía más fuerza, sacaba un hilo de seda bajándola con mucho cuidado para no derramar ninguna morona. Se sentaba sobre almohadones que tejía con mucha paciencia, disponiéndose a comer mientras veía pasar la vida monótona y solitaria entre gotas de regadera y pompas de jabón perfumado.

Casi no se movía, sentada frente al computador pedía todo lo que se le antojara, sin hacer esfuerzo pasaba la vida, a veces leyendo, a veces mirando televisión, a veces chateando con sus amigos arañas panteoneras o que vivían del otro lado.

Tenía una amiga, Engracia, la araña de la sala quien le había llevado catálogos de zapatos para que viera los nuevos modelos. Nunca los usaba pero los compraba por si algún día se ofrecían, algún día podía ser hoy o mañana.
Desde que vio los zapatos rosas doña Bobita se enamoró de ellos. Los quiso sin ver si le servirían o le combinaban con los cientos de vestidos que tenía en el closet inmenso que había bajo la taza del baño. Lugar al que nunca llegaba el trapo limpiador de la señora del aseo.
Se enamoró al primer instante y sin pensarlo dos veces los quiso. Ocho pares compró de tanto que le gustaron. Usaría cuatro pares, los otro cuatro los guardaría en una caja de cristal para tenerlos por siempre.

Mandó un mail a Salustia, la vendedora de ropa para ver si tenía algún vestido que le combinara. Conociendo a Bobita, Salustia llegó con decenas de maletas repletas de vestidos de todos colores y texturas, además de unos cuantos bolsos. Ajuar completo para Boba que tenía delirio por la ropa y los zapatos.

Para completar el outfit llamó a Isidro -el gusano de seda del patio trasero- para que le diseñara un sombrero de organdí, hecho por manos expertas, con diseño exclusivo. Isidro elaboraba sombreros únicos, así se aseguraría que sus clientas le fueran fieles.

Pero -siempre hay un pero- cada vez era más difícil conseguirle ropa a Doña Boba, las arañas no suelen ser gordas, al menos las patonas y Doña Boba era a esas alturas una araña gorda, de prominente panza usaba batas para que no le apretaran o anduviera incómoda. 
Después de medirse infinidad de vestidos, escogió uno de seda con estampados difuminados de gardenias, un bolso de mano y un sombrero con una pluma complementaron el conjunto que surgió a raíz de los zapatos rosas, pero su panza hacía que el vestido no le cerrara. Decepcionada se miró una y otra vez decidiendo hacer un esfuerzo, haría ejercicio aunque no le gustara. Unas cuantas lagartijas y caminar diario al son de tres melodías podría ayudarle. Además de que dejaría de beber refresco con hielos y abandonaría el cigarro.

Sacó la gorda cartera, llena de tarjetas de crédito boletinadas , pagó con la que aún tenía un poco de saldo todo lo adquirido y se sentó a admirar el ajuar rosa.
Melquíades, el esposo de Bobita al no poder hacer nada con las manías de su gastalona esposa, le había pedido el divorcio antes de que lo dejara en la ruina, marchándose por la ventana en un día gris bajo la mirada de Bobita que veía alejarse al único amor que tendría en la vida de araña patona.

Viéndose en el charco de la coladera, que le servía de espejo, Boba pudo ver lo bien que se veía, pero algo no le gustaba en ella. La enorme panza asomaba sin que hubiera refajo que pudiera detenerla, la panza parecía un enorme globo lleno de agua que caía a punto de explotar, sobre las rodillas.
Así pues, hete aquí que se puso a hacer ejercicio en la caminadora que olvidada desde hace mucho, servía de perchero para secar la ropa.
Uno dos, uno dos, uno dos, con el uno y con el dos, con el uno y con el dos, Doña Boba contaba los pasos, mientras gruesas gotas de sudor resbalaban sobre su frente y la lengua roja asomaba entre los labios, pero nada la detendría, ese vestido le quedaría a como diera lugar.

Así fue que pasado el tiempo llegó el día de estrenar, iría a la boda de Richi, sobrino que vivía en la casa paterna y al cual Doña Boba había cuidado de pequeño tras la muerte de su madre.

Se miró en el espejo, se calzó los cuatro pares de zapatos. Acomodó el sombrero sobre el pelo teñido de rubio. Una pulsera de perlas hecha con huevitos de tijerilla que había robado una noche en un descuido de su vecina. Dio varias vueltas viendo como el vuelo del vestido dejaba ver sus bien formadas piernas y... la prominente panza que el ejercicio no pudo quitar.

Tres gotas de perfume Vanilla scent fueron suficientes para aromatizar su cuerpo, roció un chorro de esencia envolviéndose en ella, cerrando los ojos al compás de una melodía imaginaria.

Se dio el visto bueno y empezó a subir la pared blanca del baño -el lugar más seguro de toda la casa- pero... sus patas resbalaban sin poderse asir a nada. Cada paso le costaba un enorme esfuerzo porque apenas mantenía en equilibrio una pata, la otra se resbalaba sin control.
El peinado y maquillaje iban desapareciendo tras el enorme esfuerzo que hacía Doña Bobita. De pronto sintió una ráfaga de aire, volteó sorprendida para ver que algo se acercaba peligrosamente a ella y no supo más.

Cayó sin sentido

Una chancla le había rozado apenas la cabeza haciéndola caer. En el charco del baño, Bobita quedó despatarrada con su hermoso vestido rosa, perdiendo en la caída tres zapatos.
Reanimada con el agua salvadora, se levantó al momento que veía como la chancla volvía a acercarse a ella. Corrió lo más veloz que pudo dejando en el camino los demás zapatos, el bolso y el collar de huevos de tijerilla. Lo que nunca perdió fue el sombrero de organdí.
Cayendo y levantándose, Bobita alcanzó a llegar al tragaluz a tiempo de que la chancla le alcanzara la sombra, corrió despavorida entre cables de luz y pájaros que se relamieron el pico al observar lo que sería su desayuno.

Nadie supo más de ella, Doña Bobita desapareció del mundo así como desaparecen tantos, sin nadie que los extrañe, siendo olvidados, dejando como huella de su paso, la nada... y unos zapatos rosas en el camino.











27 comentarios:

  1. Tacones de mas de 10cm requieren entrenamiento especial. Pero se ven tan bellos que una no puede decir que no en cuanto los ve, aunque se queden guardaditos para "luego"

    Que bonito cuento!

    Me gusto me gusto

    Saludos Ahijada!

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  2. Me encantan los cuentos así!!!
    Te inspiras mucho y te salen geniales!
    Un beso enorme a ti y a Bobita la arañita que dejó un recuerdo sin duda en tu mente y tu corazón :)

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  3. QUE BONITO CUENTO.
    ME ENCANTA TU MANERA DE ESCRIBIR Y DE NARRAR HISTORIAS, TE CONFIESO QUE NUNCA SÉ CUANDO ES VERDAD O NO, EN ESTE CASO ME DEJÓ PENSANDO EL FINAL.

    DESAPARECIÓ DEL MUNDO COMO TANTOS SIN NADIE QUE LOS EXTRAÑE, SIENDO OLVIDADOS... CUANTA VERDAD HAY EN ESO NO? QUE TRISTE!!! sERA QUE NO ACEPTO LA MUERTE.


    BESITOS QUERIDA MALQUE.
    PARA MI TAMBIÉN CIEN AÑOS DE SOLEDAD ES EL MEJOR LIBRO QUE HE LEÍDO.

    CARIÑOS

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  4. Hola!!! Casi casi unos "peep toes" no??? Genial todo lo que narras, ya sabes que me encanta!!! BESITOS Y SALUDITOS ESPAÑOLES.

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  5. Hermoso cuento muy bien contado. Lo he disfrutado mucho. Un abrazo.

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  6. Menos mal que esta vez no has puesto la foto de la araña..., sino no sé si hubiera entrado hoy, o mañana...

    De todos modos, que nadie se fie, que una araña así no desaparece tan facilmente..., igual en un par de días tiene montado su hogar en algún otrso rincón que nadie se espera.

    Biquiños, Linda Flor!


    Carmen.

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  7. Esta me hace acordar a una chica de una canción de The Cure...

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  8. creo que doña bobita no vuelve más a ese baño, que ya debe haber establecido sus reales en algún rincón obscuro donde se repone de aquel inesperado ataque. un beso.

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  9. Claro, los bobos desaparecen así, de la misma manera que tantos imbéciles no desaparecen...
    Besitos y salud

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  10. SEGURo que la que persiguía a Bobita era yo!!!
    ODIO A LAS ARAÑAS!

    pero mira que a Bonita le tomé cariño :D

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  11. xD

    pobre doña bobita

    pero es que con esos tacones no se puede caminar, son para estar de adornito sin moverse

    e___e

    Cuidate

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  12. pues pobre de Doña Bobita, pero pues eso es lo que le pasa a las personas tan vanidosas. cuidan tanto que las personas las recuerden "bonitas" que terminan por no recordarlas.

    un abrazo, malquerida!

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  13. Muy lindo el cuento, pobre araña, lo bueno es que si los estrenó.
    ja
    Salud!

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  14. Para la Antología de Cuentos de Animalitos que te sugerí!

    **Explica que lo de la gordura era preñez...

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  15. Qué hermoso cuento! Pobre arañita...
    Me encanta cómo escribes.

    Besos

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  16. Pobre de doña bobita, no imaginó lo poco prácticas que serían aquellas zapatillas, tan segura vivía en su casa que aquel era un escenario que creía que no llegaría ¿la chancla de quién sería? mmmmm...
    Van apapachos Malquerida ;)

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  17. Qué bueno que "doña Bobita" se esfumó porque eso de comer "mariquitas" simplemente no se la paso y eso porque mi mamá es fanática de ellas y las colecciona y cualquier bicharrajo que atente contra sus vidas lo paga caro ¬¬

    Saludos Malque!!

    XD

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  18. Bueno, esos taconsitos tan curiosos, bien lo dice don Lupe, con zapatos de tacón... (8)

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  19. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  20. mes has mantenido inmersa en las situaciones, a ver que pasaba, excelente desenlace. Un abrazo

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  21. Hola Malquerida. Qué envolvente historia. Me até al personaje antes de verlo como una araña, y después fue demasiado tarde. Hay algo llamado neuronas espejo, fundamental en el aprendizaje, pero también fundamental en el arte y la representación. Como dijo Flaubert, "Je suis Madame l'Araignée". Saludos.

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  22. Pobre doña Bobita, tanto esfuerzo que hizo para poder lucir ese vestido y no lo logro, ahora esta en el cielo de las arañas o tal vez escondida en algún lugar lejano a la chancla y sin zapatillas ni nada.

    Saludos

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  23. bobita a manos de un tono rosita
    muerte diminuta esa...

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  24. hola malque , te comento que le cambie el no nombre a la dire de mi blog te lo paso por si no puedes entrar www.eternity-rewrite.blogspot.com

    saludos!

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  25. Me ha gustado mucho Malque, justo para irme a la cama ....

    Siguen las cosas muy dificiles por aca :(

    Cuidate mucho , un abrazo fuerte

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  26. Hasta las arañas tienen esas manías de coleccionar zapatos?, qué locura.

    Saludos amiga

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Usté habrá de disculpar la falta de respuestas a este soliloquio intrínseco en el que me hallo.
Visitaré su blog agradeciendo la visita tan pronto el tiempo y la memoria me lo permitan.

Suya pero no de usted

la MaLquEridA

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje