Páginas

sábado, 30 de abril de 2011

Bruno.

Hoy es Día del Niño.




El corazón se le quería salir del pecho, entró volando a la recámara chocando con cuadros, paredes y ropa para llegar finalmente a la ventana donde con un rápido movimiento se metió tras la cortina, se agarró del cortinero con sus deditos rosas y con el corazón desbocado espero a ver si nadie lo había seguido.

Los ojos rojos husmeaban tras la cortina expectantes, cuando vio que nadie iba tras él, respiró profundamente y se quedó tranquilo dejando que su corazón recobrara el ritmo.
Era Bruno el pequeño murciélago que le tenía miedo a la oscuridad y que se había escapado a su madre  porque esta lo había llevado al Jardín de Niños Murciélagos. Era su primer día o mejor dicho su primer noche de escuela, el ver a la maestra que con aire hosco los esperaba en la entrada con una regla en la mano, lo asustó, no estaba preparado aún para separarse de su madre, prefirió echarse a volar hasta su casa cercana a las montañas. sabía que regresar solo podría perderlo pero eso era mejor que quedarse con esa maestra de cara amenzante.
Le daba miedo la oscuridad, cuando salía con su padre a cazar insectos no se separaba por temor a que un fantasma le saliera al paso.
Algunas veces le escondía las herramientas a su padre para jugar con él, los escondía en el arbol más alto, debajo de las piedras o en la mochila donde era el último lugar en el que papá murciélago buscaba.
Había ocasiones en que las ramas de los árboles le jugaban malas pasadas, veía caras horribles abriendo las fauces para tragárselo, entonces volaba veloz a alcanzar a su padre quedándose cerca para que ninguna rama lo atrapara volteando para atrás cerciorándose que no hubiera nadie.
Los rayos del sol lo lastimaban, le hacían daño pero ejercían una extraña fascinación en él. Se colgaba del cortinero para calentarse y ver su extraña cara en el espejo. Inspeccionaba cada colmillo, su lengua, sus orejas puntiagudas y se preguntaba porqué el sol no podía ser amigable con él, porque lo dañaba. Así se quedaba todo el día preguntándose los porqués de su pequeña vida. Si al menos pudiera coger un rayo de sol y que iluminara su camino, no tendría más miedo.

Pero ahora estaba ahí, detrás de la cortina esperando que su mamá llegara y lo reprendiera. Tenía miedo porque cuando mamá murciélago se enojaba era de armas tomar pero prefería eso a la maestra fea de la escuela.

Espero hasta que poco a poco los ojos de pestañas largas y enchinadas se le fueron cerrando, así llegó el día.

Con la cabeza colgando y las alas a los costados era la imagen viva de la ternura. Mamá murciélago se había cansado de buscarlo hasta que recordó el escondite favorito donde Bruno se ocultaba cuando no quería comerse la sopa de bichos o cuando su hermana Kikis lo buscaba para darle un zape porque le había tomado sus sangrías o porque le había quitado las patas a los grillos y ya no brincaban.

Dormido, con sus ojos rasgados y la sonrisa traviesa, desarmaba a mamá murciélago que se centraba en pasarle la mano en la frente quedito para no despertarlo.
Le acariciaba los deditos rosas, la nariz pequeñita y ese lunar encima del labio que lo hacía verse más guapo de lo que era, seguramente cuando creciera traería a más de una murcielaguita cacheteando la banqueta.

Bruno abrió los ojos y vio el rostro de su madre, quiso levantarse rápido y volar lejos pero mamá murciélago lo detuvo, mirándolo a los ojos le dijo que no se asustara que no iría a la escuela aún no era tiempo.

Bruno levantó las alas y abrazó a su madre tan fuerte que casi la deja sin respiración, la besó y abrazó y prometió que no daría lata, que ya no le cortaría las patas a los grillos y que no haría enojar a Kikis pero sobre todo que desde ese día la querría mucho más.

Mamá murciélago deseo detener ese momento, que no se fuera nunca porque sabía que cuando Bruno creciera ya nada sería igual.

(Cuento para el hijo de mi hijo que un día  nacerá).












*Imagen tomada de google.

10 comentarios:

  1. Por no decirle "Nieto"...maravilloso, cuando algún dia lo lea, se sentirá orgulloso de su abuela y nosotros en el día de hoy por haberlo leido y disfrutado...un besote preciosa

    ResponderEliminar
  2. Me encanto srita malque...
    Que ternura...

    ResponderEliminar
  3. Hermoso cuento Flor...te deseo un maravilloso dia del niño...abrazotes grandes y cuidate siempre ok?

    ResponderEliminar
  4. Hijos de los hijos, porque con el tiempo todo cambiará, a pesar de que siempre seguirán siendo hijos de una.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  5. hermoso!!! me encanto se lo juro, entre mas avanzaba en la lectura me iba llenando de ternura ...Bruno me recuerda a mi hermano menor cuando era peque yo le llevo 13 years asi que lo recuerdo a la perfeccion.. ahora a sus 22 ya no tiene nada de tierno ...

    ResponderEliminar
  6. y tambien entre lineas veo a mi Sofia...

    ResponderEliminar
  7. Querida Malque:

    Hermoso, tierno, ficcion, realidad, historia, me agrado...

    Besos.

    ResponderEliminar
  8. Que hermosos y que ternurita que a Bruno le de miedo la oscuridad siendo murciélago, algún día lo leerá :) tu nieto :) o nieta :D

    saludos!

    ResponderEliminar
  9. Bellísimo Flor, lleno de ternura, me encantan tus cuentos de animalitos.

    Saludos.

    ResponderEliminar

Aí usté habrá de disculpar la falta de respuestas a este soliloquio intrínseco en el que me hallo. Sucede que en este su blog -que es mio pero por educación se lo ofrezco- el pp se apodera de la poca lucidez y tiempo que poseo.

Visitaré su blog agradeciendo la visita tan pronto el tiempo y la memoria me lo permitan.

Suya pero no de usted

la MaLquEridA

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje